lunes, 15 de octubre de 2012

Discutir la universidad

Manuel Pérez Rocha
Laisum, México, 10/10/12

Desde la Edad Media, en la universidad se reconoce la discusión como método creador y enriquecedor del conocimiento, discusión en la que intervienen maestros y estudiantes. Ya en esa época la educación se proponía enseñar a discutir (la disputatio), no simplemente llenar la cabeza de los estudiantes con los conocimientos expuestos por los maestros (la lectio). Varios siglos después se reconoce que los conocimientos cambian y aumentan de manera tal que una función esencial de la educación debe ser enseñar a aprender durante toda la vida, y una forma fecunda de aprender es discutir.

De la amplia bibliografía sobre el tema cabe recomendar el libro Discussion as a way of teaching, de S. Brookfield y S. Preskill, que aporta herramientas y técnicas útiles para “democratizar” el aula, y sobre todo conceptos claros acerca del valor pedagógico y democrático de la discusión. La buena discusión obliga a informarse, a escuchar, a analizar, a juzgar, a construir argumentos; y por supuesto, para que sea productiva, debe seguir un método y ante todo guiarse por el compromiso honesto de aprender, y de tener el valor de reconocer la verdad cuando se le encuentra, tenga las consecuencias que tenga, como decía Bertolt Brecht. Mediante una buena discusión en el aula, los estudiantes también aprenden mucho de sus propios compañeros.

Resulta pues desacertado (por decir lo menos) el empeño de algunos distinguidos académicos por mantener un esquema de docencia en el que el maestro es el poseedor de conocimientos que transmite al alumno ignorante. El escritor Guillermo Sheridan, que se ha ocupado varias veces de la UACM en sus artículos periodísticos, expuso que “democratizar la universidad contradice que los académicos poseen el conocimiento que los estudiantes desean” y que esto constituye “una jerarquización necesaria y pródiga”. Cita al filósofo José Gaos, quien dijo que “la esencia de la universidad entraña la distinción entre el saber de los profesores y la ignorancia de los estudiantes sin la cual la enseñanza de estos por aquellos sería no un contrasentido, sino un sin sentido”.

Por supuesto que los profesores tienen conocimientos que los estudiantes ignoran y desean, pero quienes sostienen que la enseñanza consiste simplemente en que el maestro transmita conocimientos a los estudiantes ignoran todo lo que durante siglos han aportado las ciencias de la educación (sicología, pedagogía, sociología de la educación, etcétera) respecto al papel activo del estudiante en el aprendizaje. Esa opinión acerca de la enseñanza parte de un concepto limitado de conocimiento: el conocimiento como un objeto inanimado que puede trasladarse de una cabeza a otra, no como un complejo proceso en el que interviene la persona completa del cognoscente. Esta opinión parte también de una consideración irreal: el maestro no es puro conocimiento, ni lo sabe todo; y el estudiante no es pura ignorancia, entre otras cosas sabe mucho de sí mismo, que es conocimiento esencial en el proceso de aprender. Además, podrían llenarse libros enteros con los testimonios que dan maestros acerca de lo que han aprendido de sus estudiantes.

Establecer la discusión como método privilegiado de enseñanza implica someter también a debate sistemático y permanente a la educación y a la universidad, en el que la participación de los estudiantes es esencial. Sería un contrasentido desarrollar la discusión en el aula y mantener un régimen autoritario, rígidamente jerárquico, en el gobierno de la universidad.

La UACM ha sido concebida como un espacio de discusión. Desde que obtuvo su autonomía han operado con muchos frutos varios espacios colegiados en los que se analizan, discuten y resuelven diversos asuntos, particularmente en el Consejo Universitario y su antecedente el Consejo General Interno. En ellos han participado con responsabilidad y mucho provecho los estudiantes, cualquiera puede ver en Internet las versiones estenográficas de esas discusiones. Hay ahí material muy valioso para una investigación acerca de los estudiantes y sus capacidades para participar en la conducción de la universidad.

Evidentemente, un asunto central es el concepto que se tiene de los estudiantes. En un escrito anterior Sheridan ha dicho que “Los únicos moradores de la universidad son sus académicos; los estudiantes son sus huéspedes”; y añade: “Los estudiantes, para mí, en una universidad, no tienen más responsabilidad que la de ser excelentes en su tarea de aprender y educarse para redituarle al pueblo que paga sus estudios. No hay razón para que opinen sobre su legislación ni sobre los planes de estudio ni sobre cómo se elige a las autoridades ni ningún otro asunto académico; está probado que ahí sí los grupos (¿?) son nefastos y abominan de las evaluaciones (¡¡!!). La experiencia y el conocimiento pertenecen al sector académico, exclusivamente” (Diálogos para la reforma de la UNAM, Facultad de Filosofía y Letras. 2000).

Por supuesto es válido que algún universitario exponga ideas como las de Gaos y Sheridan y las impulse (refreno mi deseo de calificarlas). Es urgente discutirlas, pero con el rigor académico que se exigen los maestros e investigadores cuando estudian sus campos de especialidad (física, historia de la poesía, biología u otra) reconociendo que la educación no es un asunto trivial que se resuelve con fórmulas simplistas, sino un complejo fenómeno humano, social, cultural que ha sido estudiado durante milenios.

El Consejo Universitario de la UACM tiene que reconstruirse como un espacio de discusión honesta, seria y rigurosa. Debe aprovechar los frutos del Congreso Universitario realizado recientemente, a pesar de las limitaciones materiales e institucionales que lo afectaron. En estos espacios la participación de los estudiantes es sumamente valiosa, no sólo porque aportan visiones y propuestas útiles para la institución sino también porque es una oportunidad de formación para ellos mediante la discusión de asuntos concretos relevantes. También es la instancia en la que de conformidad con la Ley de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México han de defender sus derechos legítimos.

domingo, 14 de octubre de 2012

La academia en deteriorio

Humberto Muñoz García
Laisum, México, 04/10/12

Hace apenas unos meses, 152 jóvenes que regresaron al país con su doctorado no conseguían entrar a ninguna institución académica. Hace unas semanas se abrieron tres plazas en una prestigiada institución de ciencias sociales, y se presentaron al concurso algo más de 130 doctores.

A una joven doctora en historia por la Universidad de Cambridge le ofrecieron una clase con remuneración de $50.00 pesos la hora. Los postdocs no pueden ser contratados en el mismo lugar. En un instituto de investigación, el becario que formaron no pudo ganar la plaza, porque se presentó un doctor que estudió en Berkeley. Algunos meses después dejó su puesto para irse a trabajar al gobierno.

Un doctor en ciencia política, recién repatriado, fue contratado por honorarios como asociado B en una universidad de prestigio. Lo pusieron a dar clases por más de 20 horas a la semana con una remuneración de, aproximadamente, $11,000 pesos, más su beca por $ 4,000 pesos. Tres años después, le pidieron cuentas de su investigación: había publicado un libro, tenía otro en prensa, un par de artículos en “journals”. En difusión tenía textos en un diario de circulación nacional, conferencias, congresos, etc. etc. Tuvo una carga excesiva de trabajo. Pagó su noviciado. Concursó por su plaza, pero uno de los dictaminadores descalificó sus contribuciones académicas mediante un párrafo lapidario de tres líneas. Resultado, perdió el concurso y la universidad un buen prospecto.

Hace dos años, en el Sistema Nacional de Investigadores, una investigadora presentó dieciocho productos bien publicados en el período a evaluar. La comisión de ciencias sociales respondió que la bajaban de nivel 2 a 1 por haber tenido una producción insuficiente de sólo dos publicaciones. ¿La comisión no sabe contar? Es una persona ampliamente reconocida por sus pares. Una decisión injusta. No pudo reconsiderar a tiempo por estar en el extranjero. Las autoridades del CONACYT no respondieron. El daño estaba hecho.

Actualmente, un grupo de investigadores nacionales en el área de ciencias sociales está reclamando que varios investigadores, con una elevada producción, fueron sacados del SNI o bajados de nivel. Un investigador con 23 productos en el período, entre artículos, capítulos de libro, coordinaciones de libros, como en el caso anterior, fue bajado de nivel 2 a nivel 1 con el argumento de que su producción había disminuido en el período.

Hay muchos ejemplos en que los dictámenes no responden a lo que el investigador produjo. Los que estoy mencionando ilustran que algo está mal: dictámenes escuetos, criterios rígidos, evaluación por computadora, demasiados expedientes y un número de dictaminadores que no puede atender el volumen, discusiones colegiadas que no se están dando con tiempo y forma.

En otra institución, académicos de humanidades y ciencias sociales, del más alto prestigio en la misma, con una trayectoria de más de treinta años, reconocidos aquí, allá y acullá, fueron bajados de nivel en sus becas al desempeño. Hay molestia porque en una misma institución existen distintos criterios de evaluación para un mismo caso. Algunos afectados llegaron a la conclusión de que a los investigadores les va mal cuando en las comisiones dictaminadoras hay mayoría de profesores y a los profesores les va igualmente mal cuando el dictamen está a cargo de investigadores.

En suma, lo que está ocurriendo muestra, una vez más, que el sistema de evaluación del trabajo académico tiene la perversidad de deteriorar las relaciones humanas entre los académicos. Unos castigan, excluyen, a los otros. “Sí te toca alguien en la comisión que no te quiere, estás perdido”.

Hay arbitrariedad en los juicios, competencia tramposa, indignación, corrosión del trabajo y deterioro de la vida académica. Las exigencias aumentan y se diversifican. Cada vez es más difícil cumplir. Los académicos no tienen tiempo, están haciendo su labor para hacer puntos, no para contribuir.

El “publicar o perecer” no sirve. Cada vez se publica más y se lee menos. La oferta de trabajos rebasa los medios que hay para publicar en el padrón. La calidad de los trabajos no se puede juzgar por la revista o la editorial. Las editoriales que han publicado los libros de los investigadores son devaluadas por ellos mismos.

Las instituciones son las que dejan que todo esto pase. Son ellas las que salen perdiendo en el juego: dejan de llenar los indicadores y sus académicos molestos y maltratados pierden compromiso con lo que hacen. La forma de evaluar el trabajo académico ya se agotó. Y cada vez somos más quienes no queremos heredar a los jóvenes académicos este sistema repleto de simulación. 




sábado, 13 de octubre de 2012

Educación en América Latina reprueba en calidad

 El Universal, 13/10/12

Ni siquiera los mejores colegios de la región alcanzan los niveles medios de los países desarrollados y ninguna universidad latinoamericana figura entre las 100 mejores del planeta.

Santiago.- Multitudinarias marchas de estudiantes en Chile, protestas de maestros en Colombia y Guatemala, colegios ocupados en Argentina... el reclamo por una mejor educación se siente en toda América Latina, que pese a los avances en cobertura reprueba aún en calidad.

Reseña la AFP, que con el 95% de los niños asistiendo a la educación primaria, América Latina registra el mayor avance mundial en cuanto a cobertura, pero no se repite lo mismo en los niveles superiores y la región está muy lejos de alcanzar las metas sobre calidad.

Ni siquiera los mejores colegios de la región alcanzan los niveles medios de los países desarrollados y ninguna universidad latinoamericana figura entre las 100 mejores del planeta.

"En la última década, los avances en cobertura han sido bastante importantes a nivel de enseñanza primaria, donde el nivel de cobertura promedio es bastante alto", dijo a la AFP Daniela Trucco, Oficial de Asuntos Sociales de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (Cepal).

Avanzar en ese 5% que aún no asiste a la escuela primaria "es muy difícil, probablemente no vamos a llegar al 100%, pero hay una cobertura en enseñanza primaria que es bastante amplia para todos los niveles socioeconómicos y en hombres y mujeres", agregó la experta.

No obstante, en América Latina 6,5 millones de niños en edad de asistir a la escuela no lo hacen y 36 millones de adultos son analfabetos, según los datos más recientes de la Unesco, que este martes presentará un nuevo reporte.

Los excluidos pertenecen fundamentalmente a población rural pobre, en su mayoría indígenas y afrodescendientes de los países menos desarrollados de la región, principalmente de Centroamérica, con la excepción de Costa Rica, uno de los países que más recursos destina a la educación (7% de su PIB).

"En Guatemala no hay un interés país para impulsar y mejorar la educación y la salud", dijo a la AFP la analista y activista humanitaria, Claudia Samayoa, sobre un país que destina cerca del 3% de su PIB a educación y donde el 20% de su población es analfabeta.

En similar posición están países como Nicaragua y Honduras.

En esta última nación, profesores denuncian un intento cada vez mayor por privatizar la enseñanza: "Se está obligando a algunos padres de familia a pagar hasta la electricidad de algunas escuelas y es el maestro el que está obligado a conseguir los textos", dijo a la AFP Jaime Rodríguez, ex presidente del Colegio de Profesores de Educación Media de Honduras.

Alta deserción en secundaria

El panorama empeora en la enseñanza secundaria en América Latina: "la tasa de matrícula a nivel secundario está alrededor de 75% y 78%, pero una cosa es que entren a la secundaria y otra cosa distinta es que la terminen", dice Daniela Trucco.

Hay también aquí un gran nivel de desigualdad. "Mientras en el quintil más alto, cerca de 80% termina la secundaria, en el quintil más bajo estamos hablando del 25%. Es una diferencia abismal, aquí la desigualdad se refleja de manera mucho más abrupta", agrega la experta.

La diferencia es crucial para las expectativas de ingreso. "La Cepal ha venido diciendo hace muchos años que el nivel de secundaria viene a ser el umbral base para permitir que una persona tenga mayor probabilidad de no vivir en la pobreza", dice Trucco.

En este sentido, Uruguay, un país considerado de ingreso medio, destaca por tener uno de los peores índices de egreso de secundaria: un 35,4% de los jóvenes entre 12 y 29 años abandonó sus estudios de educación media, la mayoría por "desinterés", según datos oficiales.

El abismo, no obstante, se abre en materia de calidad. "La región, comparada con los países desarrollados está bastante atrasada en materia de calidad", dice la experta de la Cepal.

En ausencia de una medición estandarizada que abarque a toda la región, el dato más cercano sobre calidad viene del Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes o Informe PISA (por sus siglas en inglés) de la OCDE.

En la última medición de 2009, todos los países de América Latina se ubicaron en la parte inferior de la tabla. El mejor evaluado, Chile, se ocupó el lugar 44 dentro de un universo de 65 países, superando a Uruguay (47), México (48), Colombia (52), Brasil (53), Argentina (58) y Perú (63).

Ninguna de las universidades latinoamericanas figura entre las 100 mejores del planeta, según el último reporte de la consultora en educación Quacquarelli Symonds, basado en la reputación de sus profesores, número de estudiantes extranjeros y su capacidad para generar empleo, entre otros puntos.

La mejor evaluada es la Universidad de Sao Paulo, que figura en el lugar 139, seguida de la Universidad Autónoma de México (146) y la Universidad Católica de Chile (195).

sábado, 8 de septiembre de 2012

Reforma universitaria

Rafael Rangel Aldao
El Universal, 08/09/12
 
Rescatar el desarrollo será tarea fundamental del nuevo gobierno. Para ello requerimos de una educación superior jamás vista, pues las reformas obvias se agotarán rápidamente, en meses, y será necesaria una visión estratégica adecuada al siglo XXI.

Las medidas urgentes sólo permitirán recobrar la "línea de base". Restaurar el presupuesto, reinsertar la investigación, reducir la burocracia, eliminar la homologación y la jubilación precoz, equipar laboratorios, y adecuar las edificaciones, sólo nos llevará a "como era antes".

La educación superior es sin duda la palanca clave del desarrollo humano, la movilidad social, empleos bien remunerados, ciencia y tecnología, en fin, la que impulsa la productividad a través de la innovación.

En esa nueva realidad, América Latina atraviesa su mejor momento con Chile, Brasil, México, Colombia y Perú, como economías emergentes que atraen inversiones, abren nuevos mercados, y disminuyen la inequidad social característica de la región. Venezuela tendrá que retomar su lugar histórico y dar un salto adicional.

Ese brinco demanda una nueva universidad como potenciadora del resto de la educación y como vía de acceso a inéditas profesiones. El reto consiste en acercar la educación superior a esa nueva realidad, a reforzar la enseñanza de la ciencia y humanidades en primaria y secundaria, ayudar a rescatar la ética, y adaptar el diseño curricular y la investigación al mundo interdependiente que vivimos ahora. La tarea en educación es tan grande como la refundación de país.

Esa lucha la tiene también Estados Unidos y Europa, si bien por razones diferentes, como un sistema económico inadecuado y la competencia de potencias emergentes.

Es por ello que se renueva la educación superior, y países como Finlandia juntan universidades entre sí, y con negocios e industrias para innovar. Nosotros tendremos que hallar nuestras propias soluciones ante un atraso centenario.

martes, 4 de septiembre de 2012

La burbuja universitaria

José Ginés Mora
El País, 22/08/12

A esta altura de la larga película parecen bastante claras las causas específicas de la crisis en España: unos líderes políticos regionales y locales aliados con especuladores varios, especialmente inmobiliarios, han hundido unas cajas de ahorro que hasta hace unos pocos años eran un modelo de banca social. Mientras tanto, los que tenían que vigilar incumplieron su deber básico de evitar el desorden generalizado o fueron demasiado cobardes para frenar la alegría generalizada en la que demasiados ciudadanos de a pie participaron sin pensar bien en dónde se metían. 

No afirmaré que el comportamiento de la universidad española en estos últimos años haya sido el mismo que el de las cajas de ahorro, pero lamentablemente ha tenido rasgos en común. 

La universidad española hace años que inició un proceso de crecimiento y mejora realmente notable (en buena medida como el resto del país). Sin embargo, hace tiempo que empezaron a aparecer algunos problemas estructurales que nos hacían a muchos prever que avanzábamos por caminos peligrosos: sistemas de financiación injustos y poco estimuladores de la eficiencia; carencia de un sistema de ayudas a los estudiantes realmente eficaz; falta de una verdadera carrera profesional a la vez flexible, incentivadora del mérito y eliminadora de vagos; y por encima de todo el grave problema de la gobernanza de las universidades que han estado dirigidas (en esto sí se parecen mucho a las cajas) con criterios políticos (cuando no politiqueros), localistas (cuando no meramente palurdos) y casi siempre por personas con escasa capacidad gestora, de escaso liderazgo y sin visión de futuro. 

En este entorno, no muy diferente del dominante en el resto del país, las universidades se dedicaron a construir edificios maravillosos, campus por doquier que son la envidia de todos los visitantes extranjeros (que tuercen el gesto cuando se aperciben que esos edificios, que ellos no tienen, se han construido en buena parte con fondos europeos). Los profesores universitarios, estimulados por el sistema, se han dedicado a publicar masivamente artículos académicos de dudosa utilidad (el noveno país del mundo en número de publicaciones, pero el 13 en PIB muestra un cierto desajuste); y, para completar los desatinos, en estos últimos años los dirigentes universitarios (a la par, ministeriales e institucionales) se han dedicado como posesos a desarrollar los llamados Campus de Excelencia Internacional, generando más deuda pública y otorgándose a sí mismos la categoría de "excelencia internacional". Parece obvio que la excelencia internacional solo podría otorgarse desde fuera, pero esto no parece importar a unos dirigentes que, para no desentonar del resto de los líderes patrios, en su mayoría no son capaces de desenvolverse en otras lenguas. 

Mientras tanto, las autoridades públicas, en buena medida pertenecientes a la misma casta de los dirigentes universitarios, muy especialmente en los últimos años, no solo no han hecho nada por corregir los problemas sino que los han estimulado. 

Se han dedicado a todo lo vistoso: una "burbuja universitaria" de edificios brillantes, publicaciones superfluas y excelencias falaces, pero se han olvidado de lo más importante: el aprendizaje de los estudiantes. La universidad española ha perdido la oportunidad de aprovechar las reformas para cambiar un modelo obsoleto de enseñanza, que mata la innovación y la creatividad, que produce graduados que tienen como mayor aspiración hacer oposiciones y que aburre hasta la saciedad a nuestros jóvenes que acaban convirtiendo el botellón es su gran experiencia universitaria. Un nuevo modelo educativo era el objetivo del proceso de Bolonia, pero entre unos y otros se ha echado a perder... igual que las cajas de ahorro. Espero que los jóvenes graduados que se están marchando de este país, y los que se quedan pero con poco futuro, algún día les pidan cuentas a los responsables de las universidades (y no solo de las universidades) por el daño que les han hecho. 

José Ginés Mora es profesor de la Universidad de Londres y de la Politécnica de Valencia.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Discuten los rankings universitarios

Nora Bär
La Nación, Argentina, 03/09/12

Dentro de algunas semanas se darán a conocer los resultados del Times World University Rankings, uno de los que a lo largo del año ordenan por mérito las universidades del planeta. Es un clásico que las del mundo anglosajón ocupen los primeros puestos. Y también que las argentinas no "clasifiquen" o se encuentren en los lugares con menos glamour de la tabla. Y lo mismo sucede con otras casas de estudios de la región. 

Por supuesto, semejantes resultados inspiran críticas, y hasta hay iniciativas regionales para analizar la validez de estos instrumentos y promover el desarrollo de alternativas. El 17 y el 18 de mayo, el tema ("Las universidades latinoamericanas frente a los rankings") se discutió en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) . 

"En diez años, los rankings se hacen famosos, crean muchos perdedores y unos pocos ganadores", concluyen en un documento que sintetiza las sesiones del foro Marisa De Giusti y José Daniel Texier. 

Dado el deslumbramiento que desde la antigüedad nos produce ocupar un lugar en un podio, no sorprende que el influjo de estas mediciones haya desbordado el ámbito deportivo para ingresar en otros como el arte o la educación universitaria: desde 2003 se dan a conocer periódicamente una variedad de estas clasificaciones que comparan cientos o miles de instituciones de educación superior de todo el planeta. Los elaboran compañías privadas, medios de comunicación, universidades y organizaciones no gubernamentales. 

"Cuando la institución sale bien en la foto, se aplaude -comenta Sandra Miguel, investigadora de la Universidad Nacional de La Plata que participó de la reunión y es miembro del grupo SCImago, entre cuyos integrantes están las universidades de Granada, de Extemadura, Carlos III de Madrid y de Alcalá de Henares-. Si no, aparecen las críticas." 

El problema es que "medir" la calidad de las universidades no es tan sencillo como constatar la superioridad de Usain Bolt. En un caso basta con tener un cronómetro; en el otro, habrá que decidir qué parámetros se toman en cuenta y cuál es la importancia relativa que se otorga a cada uno. Estas decisiones no sólo involucran datos objetivos, como la cantidad de publicaciones científicas o la infraestructura, sino también criterios culturales, políticos, sociológicos y hasta filosóficos. 

"Algunos son poco sólidos porque se basan en las encuestas de las propias universidades que evalúan -agrega el informe de la Unam-. Si cubren áreas amplias, como investigación, encuestas, recursos, etcétera, las cargas que se ponen a cada parte resultan arbitrarias." 

En definitiva, ¿qué significan los rankings universitarios? 

Para Mario Albornoz, investigador del Conicet y coordinador de la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología (Ricyt), hasta los que se basan en medidas objetivas dicen poco si no se sabe cómo están construidos y se los analiza en relación con un contexto. 

Lucas Luchilo, investigador del programa de educación superior del Centro Redes, coincide. Aunque son atractivos, explica, tienen múltiples cuestionamientos metodológicos. Uno de los principales es que las universidades son muy heterogéneas, no sólo entre sí, sino también dentro de la misma institución. También se les objeta que están hechos para las instituciones de investigación del Primer Mundo. "De las 4000 que hay en los Estados Unidos, no deben ser más de 200 las que cumplen con esos parámetros -aclara Luchilo-. Es difícil pensar que haya alguna de las argentinas que se ajuste a ese molde. Entre otras cosas, porque buena parte de sus plantas docentes son de dedicación simple. Tienen profesores que no investigan, ni se espera que lo hagan. Es más, hay ciertos casos en los que la formación profesional avanzada puede ser mejor auxiliada por docentes de dedicación parcial o por personas que estén insertas en el medio profesional." 

Albornoz y Luchilo concuerdan en que no tienen una posición contraria a estos instrumentos, pero que se oponen a los "mensajes implícitos". "El ranking parece científico porque es aritmético, pero incluye valores escondidos -dice Albornoz-. Los que trabajamos en indicadores, lo hacemos para comparar. El problema se presenta cuando se mezclan dimensiones. ¿Qué valor relativo se le da a cada una? ¿Por qué esto vale el 40% y lo otro, 35%? Si se construye el ranking con la idea de que determinadas universidades son el modelo que hay que seguir, elige las características que permiten definir a éstas y a partir de eso juzga a todas las otras." 

"Los rankings son positivos, porque es mejor tener algo de información que nada -subraya Miguel-. Pero hay que hacer lecturas independientes de cada indicador para hacer la comparación."

martes, 7 de agosto de 2012

Unidad nacional, universitarios y universidades

Eleazar Narváez
Tal Cual, 15/08/12

Muchos, variados y complejos son los problemas y desafíos que el país está llamado a enfrentar a partir del año 2013. Eso es en esencia lo que justifica el llamado a la unidad nacional, la cual, sin exclusiones, nos convoca y obliga a todos. La necesidad de ese espíritu unitario trasciende el momento electoral, así como los intereses particulares de un líder o de una determinada organización política. Más bien habla del compromiso de diversos actores que, fundamentados en sus convicciones democráticas, sin perder su autonomía en el sumidero de la forzada incondicionalidad o de la lealtad irreflexiva a una u otra figura política, sienten la urgencia de aunar sus esfuerzos para construirle un futuro mejor a Venezuela.

Esa unidad, de puertas abiertas a todos los venezolanos, significaría para los universitarios una inmensa oportunidad para que el conocimiento y el saber sean valorados debidamente en la atención de las ingentes necesidades de la nación. Para que sus capacidades y experiencias en diversas disciplinas y áreas del conocimiento puedan ser aprovechadas plenamente con un vigoroso impulso al desarrollo nacional, sin las perversas discriminaciones que hoy observamos, sin que se les exija una u otra filiación partidista o identificación con algún proyecto político e ideológico, sin que se les obligue a bajar o silenciar su voz crítica.

Asimismo, representaría para todas nuestras universidades las posibilidades reales de compromisos compartidos entre sí y en alianzas estratégicas con otros actores de la sociedad, entre ellos, con las demás instituciones del Estado, para adelantar proyectos y actividades de interés nacional. ¿Acaso, por ejemplo, no sería posible y necesaria la participación institucional de las universidades en la formulación, gestión y evaluación de las políticas públicas? De igual modo, ¿al país no le convendrían políticas de alianza del sector gubernamental con las instituciones universitarias para desarrollar algunos proyectos de éstas?

Por supuesto, ese protagonismo universitario tendría mucho con ver con las condiciones a partir de las cuales se forje la unidad nacional. Cabe esperar que uno de los elementos de las mismas sea el diálogo fecundo y el mutuo respeto entre las universidades y los voceros del Gobierno y el Estado. Otro, el reconocimiento de los graves problemas que hoy padecen esas instituciones educativas, así como las acciones conjuntas para resolverlos. Tanto la crónica insuficiencia presupuestaria como la violencia sistemática que las afectan, son asuntos que, entre otros, tendrían que ser abordados con urgencia. Y de manera especial, el respeto a la autonomía universitaria, a su preservación y fortalecimiento, con acciones concertadas que permitan su ejercicio sin traumas.

Concebida así, lo más probable es que esa integración de voluntades beneficie a nuestras casas de estudio y al país en general, sobre todo, entre otras aspiraciones, en cuanto al cometido fundamental de lograr de manera efectiva una educación de calidad para todos en la sociedad venezolana.

domingo, 5 de agosto de 2012

Ciencia y academia en Venezuela (I)

Luis Fuenmayor Toro
La Razón, 05/08/12

Nuestro desarrollo científico es escaso y también marginal a la vida diaria y a las necesidades del país, aparte de ser insignificante en relación al acervo cultural universal. Ello a pesar del brío y de la producción de los pocos grupos académicos de elevado nivel existentes y con propuestas concretas, para mejorar las condiciones de la nación y enfrentar los problemas de la humanidad. En sus inicios, el presidente Chávez dio pasos importantes, aunque insuficientes, en el impulso de las ciencias y la tecnología, cuyo impacto no se detectará por el retroceso habido en el sector en los años posteriores de gestión. A pesar de las realizaciones iniciales, exigidas por la propia comunidad científica, la visión altamente prejuiciada de las fuerzas de oposición las ignoró, con una falta de objetividad que les reduce hoy autoridad a sus críticas sobre el sector.

La creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, la promulgación de la ley correspondiente en 2005, la inclusión en ésta de la obligación de las grandes empresas de invertir en desarrollo científico y tecnológico en el país, la creación del Observatorio Nacional del sector, el crecimiento del Programa de Promoción del Investigador y los proyectos ejecutados desde la Oficina de Planificación del Sector Universitario, son claras acciones positivas, que aumentaron las fuentes y los montos de financiamiento e hicieron coherentes las acciones de planificación y supervisión del Gobierno. Para 2008, el porcentaje del PIB para investigación científica y tecnológica superó el 2 por ciento y se inició un proceso de inversión empresarial en Venezuela dirigido al desarrollo de las ciencias y las tecnologías nacionales.

Este “compre venezolano” en ciencia y tecnología fue muy adversado por Petróleos de Venezuela (PDVSA), empresa que compra en el exterior todo lo que necesita en la materia. Mientras nuestro desarrollo científico no arranca, la petrolera estatal hace florecer los laboratorios de los países imperiales, supuestamente enemigos. El SENIAT, por su parte, insistía en considerar los recursos empresariales dirigidos obligatoriamente a la inversión científica, como impuestos a estar bajo su administración. Estas posiciones, enfrentadas inicialmente por el equipo ministerial del sector, terminan por doblegar a un equipo ministerial posterior, ajeno a las ciencias, y a unos diputados, más ajenos todavía, quienes modifican la ley y dan a las inversiones empresariales obligatorias el carácter de impuesto parafiscal, con el cual se financiaría la creciente burocracia del Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Adicionalmente, se reduce 4 veces la obligación financiera de PDVSA con la investigación científica y tecnológica nacional, al disminuirse la misma de 2 a 0,5 por ciento de sus ingresos brutos. Se pasa a financiar, con los recursos generados por estas inversiones empresariales obligatorias, una serie de programas totalmente ajenos al área científica y tecnológica de la nación, no se asume en absoluto la ejecución de los programas básicos para el crecimiento científico, entre ellos el de formación del número de investigadores que se requiere, y se termina por yugular la única posibilidad real de crecimiento del sector planteada en los últimos 50 años, lo que condena a Venezuela al subdesarrollo, a la dependencia y a la insatisfacción de sus necesidades.

Las universidades, por su parte, no generan tampoco muchas esperanzas, ni las instituciones autónomas ni mucho menos las experimentales. Internamente, no tienen fuerzas para superar el deterioro en que se encuentran, presas del facilismo extremo, de la distorsión de sus valores y de la corrupción. Las universidades autónomas han caído en las manos de unas mafias contrarias a la academia, que se imponen mediante la compra de votos y de conciencias, cuando no de la amenaza, para usurpar las posiciones de dirección, ante la actitud complaciente de una parte del país, la confusión y parálisis de docentes y estudiantes y la aparente indiferencia del gobierno nacional, lo que imposibilita la recuperación de las condiciones académicas y del respeto inherente al sector.

Se requeriría de la ayuda gubernamental, no como intervención dirigida a controlar las instituciones, sino como impulso y soporte de los valores académicos y universitarios sobrevivientes, para iniciar un proceso sostenible de recuperación. Pero ello demanda de una comprensión que no parece existir hasta ahora en el más alto nivel del régimen. Así, en las casas de estudio controladas por el Gobierno, las conductas académicas han sido substituidas por actitudes malsanas, que se justifican sobre la supuesta existencia de un “nuevo paradigma revolucionario”. La inobservancia de los requisitos académicos, considerados propios del “orden burgués”; el facilismo, el clientelismo, la demagogia, la corrupción y el lenguaje socialistoide, se apropiaron de la vida de estas instituciones y las enajenaron como centros del conocimiento.

Al Gobierno, como ocurría en el pasado, parece interesarle la pudrición universitaria nacional. Baste decir que los instrumentos electorales ejecutados y las sentencias judiciales subsiguientes garantizan la permanencia indefinida de las autoridades actuales, así como la derrota del sector oficial en las futuras elecciones. Las leyes promulgadas y las acciones gubernamentales han sido dirigidas a desfigurar la composición de la comunidad universitaria, hasta incluso hacerla desaparecer como ente especializado y diferenciado de la comunidad de ciudadanos. Se impide los cambios académicos, se desvirtúa la autonomía, se mantiene la centralización de las funciones en los consejos universitarios, se agrede permanentemente a las instituciones y se las continúa sometiendo a una escasez financiera desgastante y a una muerte lenta por ausencia del relevo generacional académico.

Se trata de una realidad idéntica a la promovida en los gobiernos de Luis Herrera, Jaime Lusinchi y de Carlos Andrés Pérez II. Nada nos hace ser optimistas sobre el futuro. Denunciar es lo que nos queda, pero el auditorio polarizado nacional oye muy poco.

sábado, 28 de julio de 2012

Historia de la autonomía universitaria en Amárica Latina

Renate Marsiske Schulte
Perfiles Educativos, México, 2004

El problema de la autonomía universitaria (Laguardia, 1977; Barquín, 1979; Levy, 1979), que en el fondo es el problema de las relaciones entre una corporación e instancias externas de decisión, es en sí muy complejo y delicado. Es el reclamo de la universidad corporativa de una independencia sustancial, es la condición necesaria para que la institución pueda cumplir con sus tareas. La universidad debe su existencia legal a un acto de una autoridad externa, normalmente el Estado; el instrumento de incorporación describe de manera detallada lo que la universidad puede hacer y lo que no puede hacer con sus propiedades, sus finanzas, en su relación con otras instituciones o con sus miembros.

Desde el punto de vista jurídico, autonomía universitaria significa la posibilidad que tiene una comunidad de darse sus propias normas, dentro de un ámbito limitado por una voluntad superior que para el caso sería la del Estado. Esta capacidad que permite a una comunidad ordenarse a sí misma implica la delegación de una facultad que anteriormente se encontraba centralizada en el Estado (Barquín, ibid., p. 3).

La autonomía universitaria tiene tres aspectos: el de su propio gobierno, el académico y el financiero. El primer punto permite que la universidad legisle sobre sus propios asuntos, se organice como le parezca mejor, elija a sus autoridades y al rector, según los requisitos que ellos mismos señalan. La parte académica de la autonomía universitaria implica que la universidad puede nombrar y remover su personal académico según los procedimientos convenidos, seleccionar a los alumnos según los exámenes que ella misma implanta, elaborar sus planes de estudio, expedir certificados, títulos etc. También garantiza la libertad de cátedra que no se debe confundir con la autonomía misma. El aspecto financiero permite la libre disposición que de su patrimonio tiene la universidad y la elaboración y el control de su propio presupuesto.

De manera formal, una universidad es autónoma en la medida en que es libre de tomar dentro de su propia organización y por medio de sus propios procedimientos las decisiones relacionadas con su legislación y administración. Pero una autonomía efectiva necesita algo más que lo implicado en esta definición formal. Implica también que la organización de la universidad deba ser tal que asegure a sus miembros, sobre todo los miembros del personal académico, una parte reconocida e importante en la toma de decisiones, en especial en lo referente a las políticas académicas. Éste es el fondo de todo el asunto. Es decir, existe una interrelación forzosa entre la ciencia moderna y la democracia, como posibilidad permanente de cambio y ésta a su vez garantizada en las universidades por la autonomía universitaria (Sánchez, 1979, p. 275).

Las universidades existen para servir a la sociedad de la que reciben el apoyo moral y material. Por ello son objeto de observación y crítica públicas y tienen que ser sensibles a la opinión fundamentada y responsable. Pero más allá de esto, la universidad tiene que servir a los intereses a más largo plazo del avance del conocimiento, y por ello tiene la obligación no sólo con su propia sociedad, sino con la comunidad mundial de la ciencia.

La esencia del asunto es que una buena universidad no es simplemente un agregado de agencias funcionales separadas, sino una comunidad en la que sus diferentes elementos se mantienen unidos y son inspirados por un solo fin intelectual, y la interacción es lo más libre posible de todas sus personalidades y disciplinas.

El conocimiento histórico debe ser el punto de partida para crear, mediante la reflexión rigurosa, racional, global y crítica, categorías y conceptos descriptivos, interpretativos y/o explicativos del fenómeno universitario latinoamericano y sus autonomías. La idea de la necesidad de dar autonomía a la universidad aparece como constante desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX, se repite en muchos discursos, congresos estudiantiles (Marsiske, 1998, p. 539), se manifiesta en diversos proyectos de ley y es parte de una demanda constante. Esta preocupación por la autonomía universitaria ha sido permanente: 

Rechazan imposición ideológica en programas universitarios

Javier Moreno
El Universal, 28/07/12
La presentación del libro "Reflexiones y Propuestas para la Educación Universitaria", sirvió para que los miembros de las Academia Venezolana, confirmaran que "la arremetida ideológica, la violación a la autonomía, la imposición de mecanismos de elección, y la carencia de profesionalización docente", colocan en terapia intensiva a la Universidad.

Claudio Bifano, presidente de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, enumeró, lo que consideró, "el viacrucis de la Universidad".

En su exposición, Bifano, afirmó que la ideologización desvirtúa el rol del docente.

"Se ha instalado un estado educativo paralelo que arrancó con divisiones territoriales que no benefician a los grandes universidades, y mucho menos a la municipalización educativa, modelo que está lejos de generar soluciones y reporta una elevada deserción".

Otro de los aspectos que destacó Bifano tiene que ver con la presión gubernamental de imponer criterios en igualdad de condiciones al momento de elegir a las autoridades.

"Esa teoría vendida como una medida humanitaria lo que hace es golpear las bases de la autonomía y activa el radicalismo", afirmó.

La falta de presupuesto universitario no quedó por fuera en el análisis del académico.

"Si una institución de educación superior no cuenta con los recursos suficientes para preparar mejor a los profesores y a los cursantes, no se puede hablar de calidad. La oferta de posgrado ha mermado significativamente, los docentes reciben ingresos comparados con los de 1.970, y las labores de investigación prácticamente se cuentan con los dedos. Si una Universidad autónoma recibe menos del 50% de lo que necesita para operar en condiciones regulares, en cual lugar queda la investigación", se preguntó

En la actualidad, en todo el país se ofertan 2.121 programas de posgrado, cifra calificada como "precaria".

"Los números indican que más de 67% de los educadores actualmente imparten clases sin apenas haber concluido un posgrado en un área determinada. Tenemos profesores, no especialistas, y esa condición se está evidenciando en la calidad de la educación, donde la mayoría de las universidades sobreviven, no se expanden en sus áreas vitales", denunció el miembro de la Academia, Claudio Bifano.

"A rescatar el estándar"

La empresa consultora Quacquarelli Symonds publicó el listado de las mejores 250 Universidades Latinoamericanas. La institución mejor ubicada por el país fue la Universidad Central de Venezuela (UCV), en el puesto 33.

La calificación no es para nada alentadora, y prendió las alarmas en los centros de enseñanzas. "¿Cómo puede una institución pública crecer y competir si la mantienen acosada, con salarios devaluados, con violencia verbal y física en los salones, y con un plan masivo de ideología que intenta colarse en los programas de estudios?", aseguró Bifano.

El docente se mostró confiado en que las autoridades realizan un esfuerzo estructural extremo para recuperar el sitial por ahora perdido.


jueves, 26 de julio de 2012

Educación para quién

Luis Ugalde
El Nacional, 26/07/12

Hay muchas familias que buscan buena educación para sus hijos, pero hay poca conciencia del bajo nivel en que estamos. Es alarmante ver en las encuestas de opinión que la educación nacional no es punto de preocupación, pues va bien. Lo mismo pasaba en las décadas anteriores: todo parecía bien, con más muchachos en las escuelas y en las universidades, y de golpe concluimos que la educación en Venezuela era un "fraude".

Hoy la calidad es peor, pero... Este optimismo inconsciente contrasta con lo que vemos al abordar las realidades educativas: los maestros protestan por el pago efectivo del pobre salario, cercano al mínimo; entre los jóvenes ser educador no es una opción preferente, sino marginal y para los que tienen cerradas otras puertas; en los liceos faltan miles de profesores de matemáticas, física, inglés, biología... y se exonera la ignorancia de los alumnos que no vieron la materia por la falta de profesor.

Como quedamos mal en las mediciones mundiales del aprendizaje, dejamos de medirnos. La educación en valores personales, ciudadanos y la capacitación, está por el suelo. En más de la mitad de las escuelas no hay director titular medianamente preparado para dirigir pedagógicamente. Varios millones de niños y jóvenes están fuera de la escuela, aunque la Constitución manda que estén recibiendo educación de calidad hasta el final de la educación media diversificada. En Educación Superior con un cambio de nombre todo se convirtió en "universidad", en las carreras cortas y las largas ­por igual­ han crecido los números con nuevas creaciones muy inferiores en calidad a aquellas (públicas y privadas) que eran buenas anteriormente. El presupuesto real por estudiante es bajo y sigue bajando, los profesores e investigadores ganan menos de la mitad de hace 10 años, que ya era menos que dos décadas antes. Los homólogos universitarios de otros países de nuestro nivel ganan más y también los profesionales equivalentes fuera de la universidad.

Así, cada vez hay menos posibilidades de que la universidad retenga los mejores talentos del país dedicados a la investigación y docencia universitaria. Ni se diga en primaria y diversificada. Los nada educativos debates y actos de violencia por el control político e ideológico de la educación, no hacen sino agravar ese cuadro lamentable.

En contraste, la Constitución afirma que la educación de calidad es un derecho humano y un deber social fundamental (art. 102). Este deber solo aliados solidariamente lo pueden cumplir el Estado, la familia y la sociedad.

Hoy a más de la mitad de los niños y jóvenes de Venezuela se le niega en la práctica este derecho, pues están fuera de la escuela o en una mala escuela.

Siempre habrá 10% o 20% de la sociedad que busca y consigue una buena educación pagando instituciones privadas o fuera del país. ¿Y los demás? La educación es gravemente deficiente en los sectores más pobres con 7 años de escolaridad promedio (frente a los 12 constitucionalmente requeridos), lo cual perpetúa su pobreza y los condiciona para que no puedan llegar a la universidad, y si algunos, excepcionalmente llegan, lo harán en inferioridad de formación y destinados al fracaso.

La "educación integral y de calidad" para todos (art. 103 de la Constitución) es la batalla que Venezuela debe ganar. Tiene con qué, pero la falsa conciencia de que en educación estamos más o menos bien hace que la calidad (sobre todo en los pobres) no ocupe el lugar prioritario que se requiere ni tenga la verdadera preferencia financiera exigida en la carta magna.

Sin duda, si para los hijos de los generales y de los ministros no hubiera más opción que la escuela oficial de Carapita o el liceo oficial de cualquier ciudad, ellos pondrían todas las fuerzas y presión para incentivar iniciativas plurales de la familia, de la sociedad y del Estado en una educación integral de calidad asequible a todos y "fundamentada en el respeto a todas las corrientes del pensamiento, con la finalidad de desarrollar el potencial creativo de cada ser humano y el pleno ejercicio de su personalidad en una sociedad democrática basada en la valoración ética del trabajo y en la transformación activa, consciente y solidaria en los procesos de transformación social..." (Art. 102 de la Constitución) Hay futuro si somos responsables.

domingo, 22 de julio de 2012

OPSU viola exigencias de admisión de la UCV

Gustavo Méndez
El Universal, 21/07/12

EDUCACIÓN | Denuncian que ingresan a bachilleres con malas notas

Acusan a OPSU de excluir a 146 jóvenes con buenos promedios
El secretario de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Amalio Belmonte, al revisar el sorpresivo listado de alumnos enviado por la Oficina de Planificación del Sector Universitarios (OPSU) precisó que al analizar la data oficial descubrieron que se están excluyendo a jóvenes con excelentes promedio para que ingresen otros con bajas notas.
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Se pretende favorecer a los estudiantes con bajo rendimiento (Archivo)
 
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"Al parecer algo oscuro trama la Oficina de Planificación del Sector Universitarios (OPSU) al pretender que bachilleres que no cumplen los mínimos requisitos, establecidos por ellos, ingresen a la universdad por la vía del desconocido Programa de Ayuda Académica Sucre".

La denuncia la formuló, este viernes, el secretario de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Amalio Belmonte, al revisar el sorpresivo listado de alumnos enviado por la OPSU.

Precisó que al analizar la data oficial descubrieron que se están excluyendo a jóvenes con excelentes promedio para que ingresen otros con bajas notas.

"Se pudo detectar la asignación de un total de 146 bachilleres que no cumplen con los requisitos establecidos en las pautas OPSU de 2009, bajo el criterio ser beneficiarios del programa Sucre. Los índices de corte de asignación por carrera están por encima de 90, pero en los casos de los bachilleres asignados por el Ejecutivo los índices oscilan entre 34 y 50, traduciéndose ello en promedios de notas del bachillerato entre 11 y 15 puntos, muy por debajo de los promedios. Es decir, están siendo excluidos del proceso de admisión nacional 146 estudiantes quienes si cumplen con las exigencias de admisión de la UCV".

Para Belmonte se quiere "hacer forzar equidad a expensas de inequidad contra otros bachilleres", acusó. El Secretario dejó entrever que se pretende dar ingreso a cuadros políticos del oficialismo que no tienen la mínima preparación académica para cursar en la UCV.

Belmonte, adelantó que presentará el caso en la próxima sesión del Consejo Universitario de la UCV y solicitará respaldo "para exigirle a la OPSU y al Ministerio de Educación Universitaria información sobre el Programa Sucre y tomar la decisión de no inscribir a este grupo de estudiantes asignados hasta tanto no estén claros los criterios aplicados para su asignación y la normativa".

Los alumnos de la vía del Programa Sucre fueron asignados en las carreras de Derecho, Arquitectura, Medicina, Administración, Odontología, Computación, Nutrición, Economía, Ingeniería de Petróleo y Civil, Artes, Psicología y Comunicación Social.

El Universal intentó hablar con el director de Ingreso de la OPSU, Richard Lobo, pero fue imposible establecer comunicación.

sábado, 21 de julio de 2012

La universidad contra la sumisión

Lázaro Álvarez
Tal Cual, 21/07/12

Pareciera evidente que la intervención del Estado en las universidades se justificaría sólo si fuese para garantizar aún más la pureza de la autonomía misma. Por ello, la relación de la universidad con el Estado (bajo cualquier gobierno) debe necesariamente ser tensa e incómoda, así como su propia relación interna entre autonomía, pertinencia social y competencias.

Pero nunca ha sido un don concedido generosa- mente: dicha autonomía le ha costado a la universidad venezolana más de cincuenta años de luchas.

Y ha sido la lucha de todas las universidades.

Desde las primeras, como la de Bologna y la de París, estas instituciones nacieron como centros de saber; frente al desbordamiento de scholars que querían oír a los más grandes maestros, hubo que autorizar abrir escuelas fuera de los monasterios. Tal es el caso de Pedro Abelardo, cuya libertad y brillantez le ganaron fama pero, también, la enemistad de la Iglesia. Para Derrida, fue el fundador de la profesión de profesor. Y para Emile Durkheim su experiencia también es fundadora de la naturaleza esencial de las universidades: "Las corporaciones universitarias de la Edad Media eran agrupaciones privadas comparables a los gremios de oficios; no dependían directamente de los poderes públicos. Esta independencia es igualmente necesaria para las nuevas universidades ya que la ciencia que cultivan y enseñan debe ser libre".

Igual decía Schelling en sus Lecciones de 1803: "...Ya es harto conocido y aceptado que las universidades son instrumentos del Estado (...) El Estado está facultado indiscutiblemente para suprimir completamente las universidades o convertirlas en escuelas industriales, u otras similares, pero no puede suprimirlas sin abolir, al mismo tiempo, la vida de las ideas y el movimiento científico más libre".

Y en El Conflicto de las Facultades, que escribió Kant en 1794 para resistir a la acometida conservadora luego de la muerte de Federico II, se hace una reseña del desarrollo histórico y necesario del concepto de autonomía, entendida como la construcción de un espacio de libertad para la crítica fundada en la razón. Las universidades, son, en consecuencia, por su misma naturaleza y su función, espacios autorizados para definir sus propias normas de funcionamiento.

Para Nietzsche, tampoco la cultura y la inteligencia deberían subordinarse al Estado. Pues, así el saber se convertiría en un saber burocrático. El mismo Nietzsche, igual que Schopenhauer, se burlaba de la nominación por el Estado de sus "pensadores libres".

En el siglo XIX, John H. Newman definió la universidad moderna como un lugar para la comunicación y la circulación del pensamiento en un campo extenso de saberes: "...es la comunidad de estudiantes y profesores que se reúnen para pensar". Para Jean Paul Sartre: "La universidad está hecha para hombres capaces de dudar". Para Robert Hutchins: "...es el espacio recogido para meditar los problemas del mundo". Y casi en el mismo sentido para Karl Jaspers: "...es el recinto sagrado de la razón".

Condicionado por la crisis política y cultural de la España de comienzos del siglo pasado, la visión de José Ortega y Gasset pareciera más convencional por ser más pragmática y circunstancial: la universidad debe esencialmente combatir la chabacanería del españolito de a pie.

Pero, en general, la Universitas, para serlo esencialmente, debe ser espacio para la libre búsqueda de la verdad desde cualquier visión del mundo. Posibilidad del pensamiento. Pero también y por lo mismo, espacio para la crítica, la emancipación, el pluralismo, el disenso y la discusión argumentada. Precisamente por ser la casa de la razón y el espacio más propio de producción de conocimiento, representa la experiencia democrática más radical y su estructura debe ser la de una sociedad de iguales con autogobierno y cogobierno. Si esta función crítica y creadora no es ya una contribución social, entonces lo que se desea es convertir a las universidades en instituciones de otra naturaleza: oficinas adicionales y autoritarias de gobierno, empresas o institutos de profesionalización en serie que produzcan profesionales como chorizos, simples centros de adiestramiento ideológico o "liceos más grandes". Además de que se confundiría su función y su esencia con la de Mercal, el INCEs, las Misiones, los ministerios, los liceos, o los hospitales.

La universidad siempre ha estado en crisis, así como siempre ha de ser crítica.

Pero no en el sentido de la crisis de aquellos que gustan pescar en las aguas revueltas. Ni la de quienes atacan la inclinación mercantilista del saber en pro de una más lamentable estatización banalizante y sometedora de la misma. Si revisamos su historia, en la medida en que encarna el principio más caro de la ilustración y de la civilización occidental, la universidad es, necesariamente, estado de crisis perpetuo de las necesidades del espíritu. Esta necesidad es crisis porque así es el espacio esencial del pensamiento creador siempre en movimiento y en libertad. Y la verdadera inteligencia es la puesta en duda de las verdades convertidas en dogmas. Ya lo decía Nietzsche, "las verdades están hechas para ser criticadas, no para ser idolatradas".

Pierre Bordieu consideraba que las universidades no eran un aparato sino un campo, un espacio de luchas: "Es un espacio de juego, potencialmente abierto, con fronteras dinámicas". No son espacios homogéneos e inmutables sino lugares donde es esencial el conflicto y la diferencia para su vitalidad intelectual y moral. Por tanto, nada más lejano del control ideológico y la intolerancia. Esta naturaleza necesariamente libre del espacio del saber es lo que le origina los ataques de los dogmáticos, de los grupos de privilegios, y de los de la chatura intelectual del fanático esquematismo "revolucionario". En su Universidad sin condición, Jacques Derrida va más lejos: "(...) Dicha universidad exige y se le debería reconocer en principio, además de lo que se denomina la libertad académica, una libertad incondicional de cuestionamiento y de proposición, e incluso, más aún si cabe, el derecho de decir públicamente todo lo que exigen una investigación, un saber y un pensamiento de la verdad".

Quizá retrocedamos ahora a los tiempos en que, en 1811, el Gran Rector Luis de Fontanes pedía sumisión a Napoleón: "La universidad no tiene sólo por objeto formar oradores y sabios, antes que todo, ella debe al Emperador sujetos fieles y devotos". Pero ello, a costa de convertir a la universidad en un "cadáver sin dignidad". No hay que confundir, por tanto, la transmisión del saber con la "transmisión del poder". Pues, si bien no se debe permitir la mercantilización del saber, tampoco podemos permitir su degradación y su manipulación. Las universidades libres ­o que aspiran a serlo siempre más­ son el riesgo que necesariamente todo gobierno verdaderamente democrático tiene que correr.

viernes, 20 de julio de 2012

Las universidades latinoamericanas y los rankings internacionales

Roberto Rodríguez Gómez
LAISUM, México, 12/07/12
 
Tal y como se reportó oportunamente en este suplemento, el 17 y 18 de mayo tuvo lugar el encuentro “Las universidades latinoamericanas ante los rankings internacionales: impactos, alcances y límites”. El evento fue convocado por los rectores de la UNAM, la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad de Chile, y contó con los auspicios del IESALC-UNESCO; la UDUAL y la ANUIES. El programa combinó participaciones de rectores universitarios, especialistas en la temática, así como presentaciones explicativas de representantes de cuatro de los principales rankings universitarios internacionales: Times Higher Education, Scimago, Webometrics y QS University Rankings. De particular relieve, la conferencia magistral a cargo de Simon Marginson (Universidad de Melbourne, Australia), titulada “Global University Rankings: The strategic issues”, que presentó un conjunto de temas críticos sobre los enfoques conceptuales, metodológicos y técnicos comúnmente empleados en los ejercicios de clasificación de universidades en boga. La presentación de Marginson no sólo se ciñó al señalamiento de las inconveniencias y los límites que presentan los principales rankings internacionales, sino que ofreció alternativas y posibles vías de respuesta ante los retos de conocer, de manera comparativa, el desempeño de las instituciones universitarias.

También fue un rasgo destacado del evento haber convocado la presencia de más de setenta rectores de universidades públicas y privadas de América Latina. Aunque el mayor contingente, por razones obvias fue el nacional, más de una treintena de rectores latinoamericanos se dieron cita en el evento y participaron activamente en los debates con los especialistas y con los editores de rankings.

Al final los rectores convocantes presentaron un documento de declaración final que buscó recoger los principales ángulos del debate, así como formular propuestas para superar problemas cruciales en torno a las prácticas de clasificación comparativa. La Declaración citada es amplia, e incluye varios apartados. El primero resume algunos datos sobre las características de los sistemas de educación superior en la región, apuntando a los retos de cobertura, equidad y calidad prevalecientes. El segundo recorre una serie de antecedentes relevantes sobre el debate en torno a los rankings internacionales en la región. El tercero, que es el apartado sustantivo, aborda las conclusiones y recomendaciones emanadas del Encuentro.

A las autoridades gubernamentales y órganos legislativos de los países de América Latina y el Caribe se recomienda, entre otros aspectos, evitar tomar los resultados de los rankings como elemento de evaluación del desempeño de las instituciones, en el diseño de políticas públicas para la educación superior, en el financiamiento y en los sistemas de estímulos e incentivos a las instituciones y al personal académico. Asimismo, se sugiere la generación de bases de datos públicas de información de alcance nacional y regional que permitan un conocimiento bien fundado de los sistemas, subsistemas e instituciones; que faciliten el establecimiento de análisis comparativos, cuando los casos sean contrastables, y que hagan posible diagnosticar tanto los problemas más relevantes como las áreas de oportunidad para el diseño de políticas públicas de largo aliento.

La mea culpa de los ranqueadores

Marion Lloyd
LAISUM, México, 12/07/12

Si en algo son insistentes los ranquedores de universidades, es en la confiabilidad de sus metodologías.

Por eso lo sorprendente de las declaraciones recientes de Phil Baty, editor del Times Higher Education World University Rankings. En una serie de artículos publicados en mayo y junio en University World News, el también periodista critica el uso de su propio ranking como base para la formación de políticas públicas. Inclusive, cuestiona uno de los principios básicos que ha hecho de los rankings instrumentos altamente influyentes y rentables: la idea de que son capaces de reflejar la calidad de las instituciones de forma imparcial y definitiva.

En realidad, argumenta Baty, “ningún ranking de universidades puede ser exhaustivo ni objetivo”.

Parece una extraña afirmación por parte del responsable de uno de los rankings de mayor influencia a nivel mundial. ¿O será una especie de mea culpa? Lo que sí es claro es que el fenómeno que empezó en 2003 con la publicación del primer ranking internacional - el Academic World Ranking de Universidades, de la Universidad de Jiao Tong en Shanghai – ha salido del control.

Este último ranking se originó por una inquietud por parte de académicos en Shanghai de saber cómo la producción científica de su institución se comparaba con la de las universidades “de clase mundial”. Es decir, no les importaba saber sobre la calidad de la docencia de las demás universidades, ni de su impacto social, entre otras funciones universitarias.

No obstante, este modelo de medición, que equipara la calidad con la producción de artículos científicos y de premios Nobel, se ha impuesto como el estándar de oro, en parte porque son los únicos atributos de una universidad que son fácilmente medibles. De allí han surgido otros rankings, como el de la Universidad de Leiden y el Scimago Institutional Ranking (SIR), que miden exclusivamente la producción científica de las instituciones. Mientras tanto, otros como el Times y su competencia inglesa, Quacquarelli Symonds (QS), han agregado a la mezcla otros rubros, como el número de estudiantes por profesor y las respuestas a encuestas aplicadas a académicos o empleadores. Pero el resultado es lo mismo: una imagen sumamente parcial y sesgada de la universidad.
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viernes, 13 de julio de 2012

La guerra contra las universidades

Marcos Carrillo
El Universal, 13/07/12

Un reciente estudio de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, comentado por BBC News, revela que China e India liderarán el mundo en cuanto a egresados universitarios al final de esta década. Han cambiado su foco de ser países centrados en la manufactura barata para concentrarse en la formación de profesionales en las áreas de alta tecnología.

Países tradicionalmente más desarrollados han ido quedando atrás en comparación con el vibrante avance de otros. Así, Brasil tendrá en el corto plazo más graduados que Alemania, Turquía más que España e Indonesia tres veces más que Francia.

Mientras tanto, en Venezuela el decadente gobierno de Hugo Chávez se ha ensañado en contra de las universidades públicas y algunas privadas en lo que es el más perverso de los daños que le han hecho al país. Mientras nuestros vecinos y socios comerciales -en el caso de China más que un socio es un padrote comercial- se preocupan de ofrecer la más alta formación a su juventud, aquí se degrada al profesor universitario de modo tal que un profesor a dedicación exclusiva con PhD, con reconocidas publicaciones y que habla tres idiomas gana poco más de Bs.3.000 algo más que el sueldo mínimo. Igualmente, se congela el presupuesto por año reduciéndolo de hecho, el Gobierno trata de imponer cuáles son las líneas de investigación, se disminuyen el número de becas y hasta se premia y se pone como ejemplo de juventudes a un mequetrefe impertinente que ofende a las autoridades universitarias.

En lugar de pensar en la formación de profesionales de altísima calidad para el desarrollo de las tierras, el Gobierno se empeña crear universidades de pésima calidad que estafan a quienes de buena fe estudian en ellas, fomenta la economía de conuco, insiste en estudiar un inexistente pensamiento del bandolero del siglo XIX Ezequiel Zamora mientras el mundo avanza indetenible haciendo realidad lo que se pensaba hasta hace nada era ciencia-ficción y sigue hablando de la momia de Marx y de la guerra fría como si fueran el futuro inexorable.

El resultado de todo este despropósito ha sido un profesorado sometido a todo tipo de infamias que se sostiene sólo por mística, una inadmisible fuga de cerebros y un país atrapado en los más decadentes vicios.

En un mundo donde el progreso se mide por el conocimiento que se consume y se produce Venezuela está cayendo al más ignominioso de los fosos. Esto no es casualidad, para que sea exitoso el totalitarismo que se ha trazado como meta la banda gobernante, es necesaria la total sumisión de la población. Chávez y su séquito le temen a las universidades de calidad porque son el reducto de la libertad, porque develan la decadencia y la ignorancia de un Gobierno cuyos atavismos seguiremos sufriendo por mucho tiempo luego de que hayan sido derrotados electoralmente.

jueves, 12 de julio de 2012

Comparaciones académicas

Carlos Díaz
Tal Cual,12/07/12

El diario 2001 presentó esta semana un artículo que daba cuenta del estancamiento de la competitividad de las universidades venezolanas comparadas con universidades mundiales. Según un ranking mundial de universidades llevado a cabo por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, organismo adscrito al Ministerio de Ciencia y Tecnología de ese país, Latinoamérica tiene un rezago importante en el nivel de sus instituciones académicas. La región es comparable con Oceanía y sólo supera a África y al mundo árabe. Dentro del ranking regional latinoamericano Brasil es el líder, seguido de México y Chile.

La primera universidad venezolana (la Universidad de los Andes en Mérida-ULA) aparece en el puesto 30 de Latinoamérica y 640 a nivel mundial. Las universidades venezolanas no sólo ocupan puestos bajos en el ranking mundial, sino que existe una gran distancia entre ellas.

Luego de la ULA, están la UCV, la UC y la USB, las cuales ocupan los puestos 848, 1.104 y 1.175, respectivamente.

Es claro que Venezuela tiene un problema en su educación, y que esto pone en riesgo nuestro futuro. Sin una buena educación perdemos competitividad internacional, ya que nos vemos forzados a producir productos con bajo contenido de conocimientos ­los cuales tienen menor valor agregado y son más vulnerables a la competencia al no contar con protección intelectual­ que terminaremos intercambiando por menos productos en el futuro. Evitar esta dinámica empobrecedora debe ser la tarea principal de cualquier gobierno venezolano, para asegurar el futuro y la independencia real del país. De poco sirven los discursos, golpes de pecho, y desfiles uniformados de cada 5 de Julio, si perdemos la capacidad de alimentarnos y proveernos un mejor futuro. Mejorar el nivel y calidad de la educación en el país es una tarea compleja que requiere un esfuerzo de largo plazo. Pero pese a ser difícil no es una tarea imposible, Venezuela puede mejorar su educación y competitividad. Esta tarea tiene múltiples facetas, que incluyen problemas que van desde el presupuesto educativo, hasta los contenidos, y el entorno de desarrollo de los niños que incluye su salud y nutrición. En muchas de estas áreas, el gobierno venezolano ha tenido aciertos, pero también ha cometido muchos otros errores, especialmente, cuando trata de usar la educación como herramienta de adoctrinamiento y control político.

Los esfuerzos nacionales para mejorar la educación deben estar guiados por: (I)la mejora en la calidad y cantidad de educación (en ese orden) para el desarrollo de las capacidades del individuo; (II) asignar recursos públicos para ayudar a quienes se encuentran en una situación más frágil; (III) utilizar criterios tangibles y estadísticos de medición para identificar dónde estamos y qué intervenciones funcionan; y finalmente, (IV) abrirse a la participación de los múltiples actores sociales envueltos en la educación: representantes, profesores, directivos de escuelas, y el sector privado (empleadores). Una nación que cuente con ciudadanos preparados siempre tendrá mejor control de su destino. La verdadera independencia y libertad parte del conocimiento.

martes, 10 de julio de 2012

La ideología como ortodoxia del pensamiento

Enrique Sánchez Falcón
Tal Cual, 10/07/12

Presenciar, en la Universidad Bolivariana de Venezuela, la graduación de integrantes de cursos de doctorado y maestría realizados en el marco del Convenio Cuba-Venezuela, Promoción Bolívar-Martí, resultó una experiencia singular. A la satisfacción de ver a un familiar lograr la culminación de un esfuerzo de formación académica y profesional cuyo íntimo valor nunca podrá disminuirse por posturas políticas cualesquiera sean éstas, se agregó la extraña impresión que causa constatar cómo la ideología, es decir el pensamiento convertido en ortodoxia, domina a las personas y les impide advertir las contradicciones que estallan entre sus propias palabras. En los discursos de orden de la representación de los graduandos y de las autoridades universitarias se hicieron presentes, por supuesto, las alusiones a la educación liberadora y formadora de individuos rebeldes a cualquier dominación, pero proferidas con reiterativas manifestaciones de absoluta sumisión a las figuras más emblemáticas del personalismo político latinoamericano. También abundaron las referencias a la construcción de una sociedad en la que el fetiche de la "mercancía" sea definitivamente expulsado de los valores de la comunidad, pero, lamentablemente, para sustituirlo por otro, la figura del líder máximo, a quien se idolatra irracionalmente. Paradójicamente, también se aludió a la necesidad de lograr la liberación de todo tipo de hegemonías, al tiempo que se definió a una supuesta "revolución cultural" en ciernes como el camino seguro hacia la consolidación de una "nueva hegemonía". Por último, no podía faltar la mención a la crisis "terminal" que actualmente afecta a las economías europeas y norteamericana, aunque todos los participantes de la actividad universitaria en referencia son conscientes de la ineficiencia del sistema económico cubano, la cual, recientemente, determinó, sin posibilidad de protesta alguna, el despido de cientos de miles de trabajadores estatales.

¿Será acaso esa capacidad para asimilar las contradicciones, lo que explica que la sociedad cubana haya aceptado como "libertad de expresión" la definida en el artículo 53 de la Constitución de ese país que establece lo siguiente: "Se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista. Las condiciones materiales para su ejercicio están dadas por el hecho de que la prensa, la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión masiva son de propiedad estatal o social y no pueden ser objeto, en ningún caso, de propiedad privada, lo que asegura su uso al servicio exclusivo del pueblo trabajador y del interés de la sociedad". 

sábado, 7 de julio de 2012

Átomos venezolanos en el bosón de Higgs


 Para emocionarse y sentirse orgulloso como venezolano. Entrevista a Bárbara Millán Mejías acerca del histórico descubrimiento de la partícula de Higgs.

Andrés Correa Guatarasma
El Universal, 07/07/12

Nueva York.- Sea cual sea la profesión a la que se aspire o el nivel en el que se encuentre un alumno en este trepidante planeta, los cafetines son el lugar más común de reunión entre pupilos y maestros. Fue justamente allí donde el martes pasado, "el día antes del gran anuncio del descubrimiento de la partícula", Bárbara Millán Mejías se tropezó con el octogenario científico escocés Peter Higgs, quien desde 1964 viene tratando de responder con pruebas una simple pregunta: por qué las partículas tienen masa.

"Choqué con él en el cafetín del CERN (Centro Europeo de Investigación Nuclear). Le pedí disculpas y luego me di cuenta que más bien debí pedirle una foto", comenta con picardía desde Ginebra. "Así que tendré que esperar a la próxima oportunidad, pues él no trabaja para el CERN, ni está relacionado a los experimentos, excepto por sus frecuentes visitas".

"Estoy emocionadísima", escribió Bárbara al enviar a sus padres un correo electrónico la madrugada del 5 de julio. Apenas unas horas antes, el miércoles, había sido testigo en primera fila del "mayor descubrimiento en más de 30 años. Llevaban 50 años buscando esta partícula, comparan el descubrimiento con el comienzo de la era espacial" y la llegada a la Luna, agregó al intentar resumirles la experiencia.
 
-Hasta hace unos días la palabra "bosón" (un tipo de partícula elemental) era prácticamente desconocida. Ahora está en todos los periódicos y el Nobel de Física de este año parece ya cantado...
-Sí, lo más probable es que alguien aquí se gane el premio Nobel, pero no se sabe quién. En la teoría conocida como el mecanismo de Higgs hubo tres científicos más involucrados. Aquí hay una colaboración entre 15 mil personas de todo el mundo, muchos años de esfuerzo y cientos de proyectos.  El CERN es un ejemplo mundial de tolerancia y capacidad de trabajo bajo un fin común: la ciencia.

-¿Cuál fue su aporte allí?
-Cuando formas parte de estos experimentos te entrenan para que puedas revisar las condiciones del detector (el más poderoso acelerador de partículas, con un tubo de 27 km de largo ubicado 100 metros bajo tierra, entre Suiza y Francia). Analizas y validas data que será usada por todo el equipo. De la misma manera haces trabajos técnicos, que son esenciales para los distintos análisis. Por ejemplo, alinear el detector ha sido parte de mi trabajo. Es gracioso decir que por segundo ocurren 200 millones de colisiones, así que se necesita muchísima capacidad de cómputo para analizar cualquier data. Los resultados impresionantes mostrados no hubiesen sido posibles sin la red de computadoras distribuidas en todas partes del mundo.

-¿Cómo se decidió por una carrera tan poco popular entre los bachilleres?
-Desde pequeña uno de mis sueños era ser astronauta o arqueóloga. Así que siempre estuve interesada en las ciencias. Cuando me toco decidir qué iba a estudiar estaba indecisa entre varias carreras. Y alguien muy cercano a mí me convenció de que Física era la mejor opción. Si estudias Física, a diferencia de la creencia común, puedes trabajar en muchas áreas, por ejemplo finanzas o geología, y en cualquier parte del mundo. Sin las ciencias básicas no existirían muchos de los avances tecnológicos que hay hoy en día. Por ejemplo, en el CERN nació el world wide web (www) y la tecnología de los aceleradores de partículas es usada a diario en tratamientos de cáncer. Grandes compañías tecnológicas están interesadas en contratar personas que estudiaron ciencias básicas para desarrollar nuevas técnicas. Eso tenemos que enseñárselo a nuestros niños y jóvenes.

-¿Cómo se vinculó con el prestigioso CERN?
-Cuando me gradué en Venezuela (Universidad Simón Bolívar) tenía que decidir qué hacer. Yo había hecho Física nuclear, pero no había hecho Física de partículas. Estaba muy interesada en todo lo que estaba ocurriendo en el CERN. Sin embargo, no tenía ningún vínculo con ellos y la USB tampoco tenía ningún acuerdo. Uno de los requisitos para postularse era venir de un país contribuyente, y no es nuestro caso. Yo quería hacer postgrado en Europa, y el postgrado de Física de partículas en Ámsterdam ofrecía como parte del programa la posibilidad de trabajar un verano en el CERN. Así que me dije que esa era mi puerta, y tuve el apoyo de mi familia para hacerlo.

viernes, 6 de julio de 2012

El malogrado sueño de los disidentes

El País, 06/07/12
Hace tres años, cuando yo era todavía un despreocupado ciberutópico, escribí un corto ensayo para Newsweek sobre “diplomacia de tecnología punta”. En ese artículo, con diferencia el texto más superficial que yo haya escrito nunca, reprendía a los diplomáticos norteamericanos por no aprovecharse del inmenso poder blando digital que una compañía como Amazon podía ofrecer. El Kindle, escribí, es “el instrumento soñado por los disidentes” ya que podría “poner fin a una época en la que en los países autoritarios los visitantes extranjeros tenían que pasar de contrabando los libros clandestinos”. Bastaría con que Washington patrocinara la diplomacia del Kindle y “financiase discretamente la compra de textos que considerase más influyentes y con más probabilidad de fomentar el pensamiento crítico”.

jueves, 5 de julio de 2012

Academias alertan sobre incesantes ataques contra la universidad

Gustavo Méndez
El Universal, 05/07/12

Académicos y autoridades disertaron este miércoles sobre el pasado, presente y futuro de la universidad al celebrarse los 290 años del nacimiento de la Real y Pontificia Universidad de Caracas y los 186 años de su conversión en la Universidad Central de Venezuela, en acto celebrado en el Palacio de las Academias.

El Dr. Román Duque Corredor, en representación de las Academias Nacionales, alertó sobre el mensaje "demagógico" de imponer una "supuesta democracia política y participativa que no se practica en las instituciones oficiales".

En su intervención el jurista criticó la política oficial de masificar la enseñanza universitaria afectando la calidad y desdibujando el sentido científico y de excelencia de las casas de estudio. "El crecimiento de la tasa de escolaridad universitaria a ritmos superiores da la tasa de crecimiento poblacional no significa, per se, que son satisfactorios los niveles de educación básica, media y superior y de enseñanza, de investigación científica y tecnológica de las universidades", concluyó frente a los presidentes de las Academias Nacionales, las rectoras de la UCV, Cecilia, García Arocha; de la Carabobo, Jessy Divo de Romero; Unexpo, Rita Añez, y el rector de la Unimet, Benjamín Scharifker.

Duque Corredor también abordó la autonomía al señalar que es la "mejor protección de la libertad y la democracia, como se ha demostrado históricamente, frente a los gobiernos autócratas que pretenden poner al servicio de una ideología o un partido, o de un Presidente, la institución".

miércoles, 4 de julio de 2012

Educación democrática al paredón

Eleazar Narváez
Tal Cual, 04/07/12

En el supuesto negado de que Hugo Chávez sea reelecto y ponga en marcha el programa de gobierno que consignó al CNE, con toda seguridad se decretaría la muerte de la educación democrática en nuestro país. Ésta sería considerada una de esas herencias del Estado burgués que habría que “pulverizar” para acelerar la transición al socialismo bolivariano del siglo XXI, según lo expuesto en dicho programa. Se le sustituiría por una educación con la “nueva ética, moral y espiritual de la sociedad” que emergería con la implantación de ese socialismo autocrático. La misma sería indispensable para configurar, dicho con las palabras de aquél, “una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material…”; pero eso sí, bajo los imperativos de un Estado signado por el fundamentalismo autoritario y un exacerbado presidencialismo.

La búsqueda de solidaridades automáticas en torno a los objetivos del mencionado programa, sin la debida reflexión y ponderación crítica, sería uno de los factores primordiales del papel que cumpliría la educación. Ello supondría una fuerte carga de ideologización en la acción educativa, con el diálogo y el pluralismo reducidos a su mínima expresión. Al servicio de una hegemonía que no favorecería una verdadera convivencia democrática y negaría la autonomía y la dignidad personal. Muy atrás, en un segundo o en un tercer plano, si acaso, quedaría la preocupación por el valor del conocimiento y de la educación como palancas fundamentales del desarrollo.

Desde el sagrado templo del pensamiento único y con la aspiración a una convivencia basada en la uniformidad, con exclusión de la diferencia, se pretendería fraguar esa solidaridad y fraternidad alrededor de los temas medulares de los cinco objetivos históricos plasmados en el documento antes referido: La independencia nacional, el socialismo bolivariano del siglo XXI, la conversión de Venezuela en un país potencia, una nueva geopolítica internacional y la preservación de la vida en el Planeta y la salvación de la especie humana. El secuestro de la subjetividad de los venezolanos en función de tal propósito, ése sería el rol ignominioso que se le asignaría a nuestra educación.

A lo largo de los últimos catorce años, son varias las señales peligrosas que hemos recibido de eso que se quiere implantar a la sombra del totalitarismo que mañana podría cubrir toda la vida del país: prácticas y contenidos de enseñanza que distorsionan nuestra historia, promueven identidades indignantes y alimentan el odio y el resentimiento; censura de libros, acoso a centros educativos no controlados por el régimen; hegemonía comunicacional oficialista para la ideologización; estigmatización de la ciencia considerada burguesa, etc.

Son hechos que hoy se le atribuyen al régimen presidido por la misma persona que en un acto en el Fuerte Tiuna dijo recientemente, con el mayor irrespeto y altisonancia, que no es venezolano quien no es chavista.

¿Cabría esperarse algo distinto de él en los próximos años?

lunes, 2 de julio de 2012

Hablan las Academias Nacionales ante las amenazas a las universidades autónomas

El Comité Inter Académico de las Academias Nacionales, constituido por los Presidentes de las Academias Nacionales de Medicina, de Ciencias Políticas y Sociales, de Ciencias Físicas Matemáticas y Naturales, de Ciencias Económicas,de Ingeniería y el Hábitat, de la Lengua y de la Historia, siente la obligación moral y ciudadana de manifestar a la sociedad su profunda preocupación ante las graves y continuas manifestaciones de violencia física, las severas restricciones económicas y los intentos de alterar por la vía legislativa y judicial principios básicos de la autonomía universitaria que, en conjunto, afectan duramente el normal desenvolvimiento de las actividades propias de nuestras universidades venezolanas. 
 
En su carácter de instituciones cuya finalidad es, entre otras, asesorar al Estado en materias de su competencia, a las Academias les preocupa que la universidad venezolana deje de ser un espacio de convivencia y tolerancia, abierto a todas las corrientes del pensamiento para la conducción democrática del país y un lugar de reflexión, de indagación y creación intelectual, diseñado exclusivamente para el estudio y la formación de capital humano en las diversas áreas del saber. Y más aún que por ello se afecten los valores básicos que definen el sentido de la universidad moderna, comprometida con el progreso de la sociedad y competitiva a nivel internacional. Es alarmante que en tiempos en que el conocimiento se genera a un ritmo insospechado, desde las más altas esferas del gobierno se trate de imponer un modelo de universidad para la formación de cuadros políticamente orientados. Un modelo que ha fracasado en los todos los países que lo han hecho y no se acepte que solamente una universidad, cuyo ejercicio se sustenta en la plena libertad de pensamiento y persiga altos estándares de calidad, puede contribuir a la formación de ciudadanos libres y profesionales capacitados, útiles para contribuir eficazmente al bienestar social.

Deudas con docentes jubilados de universidades

Ariana Guevara Gómez
El Nacional, 02/07/12

Hace 11 años, Jaime Pizani se jubiló de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez. El profesor, que también trabajó en la Universidad de los Andes, aún no ha recibido todo el dinero de sus prestaciones sociales. En 2005 cobró el beneficio, pero no le reconocieron los 3 años que le dedicó a la ULA ni la ruralidad, que se incluye en los cálculos de quienes laboran en esas zonas.

"En 2008 me dijeron que la deuda de la ULA era de 32.000 bolívares, pero con los intereses subió a 680.000 bolívares.

Me deben más de esa cantidad; yo diría que el doble, si se cuenta lo de la Unesr", dice Pizani, que pertenece al Consejo de Jubilados de esta última institución. Las casas de estudio fungen de patronos, pero los pagos dependen de las asignaciones del Ministerio de Educación Universitaria.

El caso de Pizani no es aislado. Rafael Álvarez, presidente de la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar, trabajó como docente activo hasta 2003. Después de 25 años de servicio, cuando le correspondía jubilarse, la institución decidió contratarlo para que continuara con su labor. "Los cálculos de la deuda varían de acuerdo con el caso.

En promedio, a cada profesor le deben 600 millones de bolívares. A algunos, incluso, tienen que pagarle 1,5 millardos", afirma.

La última vez que Neysa Guevara revisó su deuda estaba en 300.000 bolívares. Trabajó hasta 2003 en la Universidad Central de Venezuela: durante 36 años ocupó cargos administrativos y docentes. "Los pasivos por mi trabajo como profesora no me los han pagado nunca", señala.

El pago de las prestaciones sociales es un derecho de los trabajadores, que debe cumplirse al culminar la relación laboral. Lourdes Ramírez de Viloria, presidente de la Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela, indica que las deudas por ese concepto datan de 2009. Los intereses de las prestaciones ­denominados pasivos laborales­ no se pagan desde 1998.

La dirigente recuerda que el Gobierno central hizo un esfuerzo para cancelar las deudas por pasivos desde 1975 hasta 1997, pero a partir de ese año empezaron las irregularidades. A quienes se jubilaron entre 1998 y 2001, dice Ramírez, les pagaron 40% de lo que les correspondía con el instructivo de 1997. "El resto no les llegó nunca y ahora la deuda es mayor", apunta.

La situación no sólo afecta a los profesores, sino también a los trabajadores, administrativos y obreros. Para hablar sobre esta y otras quejas, los gremios se reunieron el 21 de junio con representantes de la Oficina de Planificación del Sector Universitario. La adjunta de la dirección, Tibisay Hung, aseguró en esa oportunidad que el organismo se esforzaba para obtener todos los datos, pero que las universidades los han entregado con errores. De los 33.000 expedientes recibidos, agregó, 16.000 presentan inexactitudes que deben corregirse.

Ramírez considera que son excusas: "La OPSU dice que hasta que no se arreglen los errores no van a pagar. Esas son tácticas dilatorias para no cumplir con las obligaciones.

Se trata de una responsabilidad del Estado venezolano y ningún trabajador tiene la culpa".

Sueldos bajos. Los profesores jubilados tienen los mismos beneficios ­y la misma estrechez­ que los activos. Por eso sufren del mismo modo por los bajos salarios.

Pizani, que se jubiló como profesor asociado y ocupó el cargo de vicerrector académico, cobra 7.000 bolívares mensuales. "He tenido que lanzarme a matar tigres: a veces he asesorado proyectos, sobre todo en el área agrícola. Pero eso también se ha agotado porque no hay mucha demanda. Me limito al sueldo y la pensión de vejez".

Después de 36 años en la universidad, Guevara cobra un sueldo mensual de 4.500 bolívares por su labor docente. "Yo gano más por el trabajo administrativo que por el de docencia. Me esforcé de día y de noche, para morir ahora con este salario. Para llegar a profesor agregado hay que hacer trabajos de ascenso; yo los hacía de noche, de madrugada. Tantos años, tanta dedicación, y esto es lo que cobramos".