Antonio Pasquali
El Nacional, 21/06/2015
Todo proceso de masificación política o mercantil, equilibradora o subyugadora, es siempre y necesariamente nefasto por atentar contra esa “fecunda diversidad de las culturas” que el Acta Constitutiva de la Unesco llama a salvaguardar. En emprendimientos masificadores, mercado y política se copian; ambos alinean militarmente, igualan por lo bajo ideas y valores, convierten públicos heterogéneos en degradadas masas homogéneas para propinarles mercancías y opiniones ómnibus, las mismas para todos; individualizarse, ser diverso, es crimen que las sociedades masificadas suelen castigar.
Por una mezcla de patológico resentimiento de clase, demagogia populista y planes hegemónicos, los regímenes chavistas persiguen oficialmente masificar el sector universitario. Su estrategia, similar a la adoptada en comunicaciones: hostigar hasta la inanición las viejas y gloriosas universidades autónomas y asegurarse el control político del tercer nivel educativo por la vía cuantitativa, dando vida a decenas de universidades heterónomas, ideológicamente sumisas al régimen. En algún momento, Chávez el megalómano aseguró que crearía 58, de las cuales probablemente ya se abrieron 46. El propósito se logró: entre 2004 y 2014, el gasto público en educación superior pasó (a bolívares 2008 constantes) de 4 a 62 millardos, y el estudiantado universitario creció casi de 300% hasta los 2.700.000 de hoy, haciendo de Venezuela el quinto país con más alta matrícula universitaria.

