domingo, 25 de marzo de 2012

Papel de los científicos en la sociedad

Luis Fuenmayor Toro
La Razón, Caracas, 25/03/12
 
Desde siempre, aun antes de la existencia de filósofos, artistas, músicos, poetas, novelistas y pensadores, el hombre aprendía constantemente de su interacción con la naturaleza con motivo de la ejecución del necesario proceso de trabajo. La necesidad de trabajar, para poder vivir y mantenerse como individuo y como especie, y las dificultades encontradas lo llevó a perfeccionar sus instrumentos de trabajo para hacerlos más efectivos. De la piedra y el palo, proyección en el espacio de su puño y prolongación de su brazo, respectivamente, pasó a la lanza y el hacha, que le garantizaron un mayor dominio de la naturaleza, y de éstos al arco y la flecha, que le facilitó la caza y se convirtió en el arma decisiva frente a los enemigos.
En ese proceso, el descubrimiento de cómo hacer fuego fue un avance gigantesco en su lucha por vivir y sostenerse como especie, pues incorporó un mayor número de alimentos a su dieta y le permitió utilizar los metales, entre ellos el hierro, que a su vez le abrió un campo infinito de nuevas posibilidades de acción sobre la naturaleza, en el proceso de producción de bienes materiales, así como también sobre otras sociedades humanas menos avanzadas, que desaparecieron víctimas del enfrentamiento o fueron paulatinamente subyugadas e incorporadas como integrantes de los grupos vencedores, primero como partes de las familias, más tarde como esclavos.
Esta inicial evolución se cimentó en la producción de conocimientos, que pasaban al principio de padres a hijos, a través de las comunidades familiares de las sociedades primitivas. Existía una relación directa y muy estrecha entre el conocimiento y la producción de bienes materiales, pues su protagonista era a la vez: productor de bienes materiales, diseñador de los instrumentos para ello y creador de los conocimientos requeridos para mejorar su trabajo. Nos encontramos con la concentración de la técnica, tecnología, ciencias y producción, en los mismos productores. La relación era perfectamente visible y, por lo tanto, apreciable por toda la comunidad. Con el tiempo, estas funciones se separan, alejando al productor de la técnica de lo que produce y del conocimiento, para hacerlos recaer en un grupo humano particular: los científicos.
En la sociedad actual, pese a lo complejo de la misma, existen en esencia el mismo tipo de relaciones entre conocimientos y producción y entre científicos y productores. Los conocimientos obtenidos por los científicos son utilizados por los productores, a través de las innovaciones tecnológicas en el área productiva, que mejoran y hacen más eficaz y eficiente la producción de bienes materiales. Esta transferencia se da con gran eficiencia en los países desarrollados, donde las industrias constituyen también centros de investigación en sus respectivas áreas o se asocian con universidades y otras instituciones para la obtención de los conocimientos requeridos, volviendo de cierta manera a reunir a los productores de conocimientos con los de bienes y servicios.
Como trabajadores, los científicos son equiparables a cualquier grupo de trabajadores en relación con su importancia para que la sociedad funcione y se desarrolle. Ésta depende por igual de la actividad de todos, por lo que, en este sentido, los distintos trabajos serían igualmente importantes como trabajo abstracto. Sin embargo, en lo que a la reproducción de esta fuerza intelectual de trabajo se refiere, la misma es de naturaleza más compleja y más costosa que para otros oficios y profesiones: Requiere de mucho más tiempo, de la realización de mayores esfuerzos y de la superación de grandes dificultades. Estos requerimientos particulares de la formación de investigadores y teorizadores los terminan haciendo distintos del resto de los trabajadores intelectuales y manuales.
En principio entonces, la sociedad debería preservar y proteger en forma prioritaria a los trabajadores dedicados a la producción de conocimientos, no sólo porque su actividad es importante en la existencia y crecimiento de la misma, sino por las dificultades que encierra la reproducción social de esta fuerza de trabajo, mucho mayor que la de otros sectores productivos. Además, el avance de la producción de conocimientos impacta la actividad del resto de los sectores de la producción, haciéndolos crecer en forma cuantitativa y cualitativa. Este impacto particular en todas las demás formas de producción debería significar para los científicos un reconocimiento social de sus actividades, que signifique en concreto el compromiso de la sociedad de mantener en las mejores condiciones posibles de trabajo a los productores de conocimientos.
No se trata de proponer la existencia de privilegios para la comunidad científica venezolana, ni la exigencia de un tratamiento especial que discrimine a otros trabajadores, pues repito todos son importantes en el mantenimiento de la salud de la sociedad, se trata de preservar un recurso humano vital para el desarrollo, difícil de reproducir y sumamente costoso, para utilizar términos comprensibles por todos, independientemente de su carga ideológica. Es una acción similar a la que la sociedad asume con otros recursos, humanos o materiales, en los cuales se invierte una gran cantidad de trabajo social y que significan una fuente importante de satisfacción de necesidades y de bienestar. Sin conocimiento científico y tecnología no saldremos del subdesarrollo, ni tendremos justicia social ni independencia.

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