Luisa Salomón
En el centro de la Universidad Simón Bolívar hay un laberinto de flores. Dicen en el campus que los estudiantes que lo recorren hasta el centro no se gradúan y que quienes caminan en él cuando tienen un problema, lo habrán olvidado al salir. Pero poco sirve la superstición cuando el problema es el propio laberinto. Aunque de lejos mantiene su belleza, quien lo recorre se encuentra con macetas vacías, hojas secas y plantas envueltas por telarañas. Más de 30.000 de sus 53.000 plantas están marchitas. El jardín cromovegetal, regalo del maestro Carlos Cruz-Diez a la Universidad, está muriendo.
La Universidad Simón Bolívar nació para apuntalar el desarrollo de Venezuela, en una época en la que el país planificaba las obras de ingeniería más desafiantes de su historia, como la central hidroeléctrica de Guri o el Metro de Caracas. También fueron tiempos marcados por el conflicto, porque había enfrentamientos políticos entre el gobierno y las universidades nacionales, en particular la Universidad Central de Venezuela.
Raúl Leoni decretó la creación de la universidad en 1967. En aquel entonces se llamaba Universidad de Caracas. La idea era que fuese una casa que educara a los mejores científicos para el desarrollo del país y también que fuese una universidad alejada de conflictos políticos que interrumpieran las clases.
Con ese mandato inició sus clases el 14 de enero de 1970 en los terrenos de la antigua hacienda de Sartenejas, a las afueras de Caracas. Al momento de la primera clase, la universidad había cambiado su nombre a Universidad Simón Bolívar, a petición de varias instituciones, entre ellas la Academia Nacional de Historia.