jueves, 3 de diciembre de 2009

Semana de la UCV en Colombia

Eleazar Narváez


Para mí es motivo de honda complacencia y un verdadero honor representar al Rector Antonio París y a toda nuestra comunidad universitaria en el acto de inicio de la Semana de la Universidad Central de Venezuela en este país hermano, en unas circunstancias en las cuales se celebra el centésimo cuadragésimo aniversario de la Universidad Nacional de Colombia y cuando nos aproximamos a la conmemoración de los 286 años de nuestra Casa de Estudio el venidero 22 de diciembre.

Reciban todos ustedes, en nombre de nuestro equipo rectoral y del mío propio, los más cordiales saludos, así como un fraternal abrazo con profundo sentimiento universitario y la sincera gratitud por acompañarnos en esta experiencia que comenzamos en el día de hoy.

De igual modo, aprovechamos la ocasión para manifestarles a las autoridades y a toda la comunidad de la Universidad Nacional de Colombia, nuestras entusiastas palabras de felicitación por ser actores de una institución que ciertamente, como centro académico por excelencia de los colombianos, ha jugado sin duda un importante papel en la historia nacional de Colombia.

Si nos preguntaran cuáles son las motivaciones y qué esperamos con las actividades que ahora comenzamos, diríamos que las mismas tienen que ver con tres ideas básicas que a manera de intenciones aparecen entrelazadas estrechamente en la labor que desarrollarán los distinguidos académicos y representantes de nuestra institución a lo largo de la programación que se cumplirá en esta visita a la bella y querida ciudad de Bogotá.

La primera concierne a nuestra inquebrantable voluntad de continuar con el esfuerzo de contribuir con el fortalecimiento de los nexos reales que alimentan la vocación integradora de nuestros dos países. Es necesario recordar siempre que Venezuela y Colombia han tenido durante varias centenas de años de historia, una identidad y una gran cantidad de elementos que no solamente nos hermanan, sino que representan un augurio inevitable de integración y destino común.

En esto no podemos perder de vista que ya en el siglo XIX, en los tiempos de la Gran Colombia, Santander se empeño en establecer un sistema universitario laico con la creación de la Universidad Central de la República con las tres sedes de Caracas, Bogotá y Quito. También es oportuno recordar, entre otros casos, el de la celebración del Congreso Internacional de Estudiantes de estos tres países en la primera década del siglo XX, en el cual destacó el propósito de invitación a la integración e identificación cultural latinoamericana.

Y más recientemente, es obligado tener presente las invalorables contribuciones del Grupo Académico Binacional promovido por la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad Central de Venezuela, las cuales se han alimentado en gran parte de los frutos del concurso de importantes actores de los más diversos sectores gubernamentales, empresariales, gremiales, sociales, culturales, políticos y educativos que han trabajo durante muchos años de modo perseverante y sostenido en favor de la convivencia colombo-venezolana.

Han sido unos valiosos esfuerzos dirigidos a encontrar – lo expreso con las palabras de Socorro Ramírez y José María Cadenas – “...formas no sólo de pacífica convivencia entre los dos países sino de positivo aprovechamiento de la vecindad para la transformación de Colombia y Venezuela en socios estratégicos en la construcción de la integración andina y suramericana, indispensable ante los urgentes desafíos del mundo global”; pues, como dicen ambos académicos, “...es más lo que une a estos dos países que lo que los diferencia, y que son más las oportunidades que la vecindad les ofrece que los problemas que los obliga a enfrentar”.

La segunda idea-intención está referida a la convicción de que es necesario profundizar la visibilidad de las realizaciones de nuestra universidad en el cumplimiento de sus funciones de docencia, investigación, extensión y gestión, no sólo con el simple afán informativo y divulgativo sino también para, entre otros objetivos, propiciar una mayor cooperación e integración en el desarrollo de la labor universitaria y para promover una cultura de participación ciudadana tanto en el ámbito nacional como más allá de las fronteras de nuestro país. Creemos, además, que esa mayor visibilidad institucional puede servir de factor de concienciación ante no pocas incomprensiones y ataques infundados de que es objeto la universidad autónoma en los actuales momentos de la vida venezolana.

Esta semana de la UCV en Bogotá se inscribe igualmente en esos propósitos. Tanto la Universidad Central de Venezuela como la Universidad Nacional de Colombia están llamadas a hacer más visibles los significativos logros que en el curso de su historia las han enaltecido. Estamos persuadidos de que tal empeño redundará en una mayor confianza en ambas Casas de Estudio por parte de cada una de sus comunidades, de la opinión nacional en cada caso y asimismo de la comunidad internacional.

Por último, una tercera intención deseamos compartir con ustedes: La imperiosa necesidad que tenemos de preservar, defender, resignificar y fortalecer la autonomía universitaria para hacerle frente a los ingentes desafíos que en el mundo de hoy debemos atender. Más allá de las particularidades históricas y del momento actual en la asunción de ese reto por la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Nacional de Colombia, hay elementos en común que seguramente estas dos instituciones contribuirán a potenciar. Uno de ellos es la convicción en la autonomía como principio de vida, como componente fundamental de la condición humana, es decir, como posibilidad que tiene cada cual – con fundamento en la independencia de pensamiento y acción - de elegir y responsabilizarse por la vida que se desea desarrollar, sin convertirse en fuente de agresión o de calamidades para otras personas e instituciones.

Sostenemos que pensar la autonomía universitaria es conocer mejor la universidad como locus donde, a contracorriente de la idea de un mundo uniformado, conviven múltiples expresiones del saber; y en el cual se dan las condiciones necesarias y suficientes para el ejercicio de la libertad, es decir, de la capacidad de conjugar conocimiento, imaginación y decisión en el campo de lo posible: en su vida académica; en la elección de sus autoridades; en la escogencia de su personal; en el cuestionamiento a sí misma y a todo lo que le concierna; en sus normas de gobierno, funcionamiento y administración de su patrimonio; y en la proposición y contribución en la construcción de soluciones y alternativas de cambio que nuestros países requieran.

Como dice Jacques Derrida:

(...) la universidad moderna debería ser sin condición...Dicha universidad exige y se le debería reconocer en principio, además de lo que se denomina la libertad académica, una libertad incondicional de cuestionamiento y de proposición, e incluso, más aún si cabe, el derecho de decir públicamente todo lo que exigen una investigación, un saber y un pensamiento de la verdad.

Esta reflexión es de vital importancia en nuestras universidades, y muy especialmente en la nuestra por las graves amenazas que se ciernen sobre ella en la actualidad.

Estimados señores y señoras, muchas gracias por prestar atención a estas palabras que he pronunciado y de modo especial a las intenciones que he querido compartir con ustedes. Nuestra gratitud a todos los presentes por acompañarnos en este acto.

Muchas gracias al doctor Moisés Wassermann, Rector de la ilustre Universidad Nacional de Colombia, y a las demás autoridades de esta institución, por la deferencia y todo el apoyo prestado en el desarrollo de nuestras actividades en Bogotá.

De nuevo, muchas gracias a todos y a todas. Buenas tardes.

Palabras de Eleazar Narváez,Vicerrector Académico de la Universidad Central de Venezuela, en representación del Rector Antonio París, en acto de instalación de la Semana de la UCV en Colombia. Bogotá, 30 de octubre de 2007.

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