viernes, 19 de agosto de 2011

Autonomía, heteronomía, y los dilemas de la educación superior en la transición al siglo 21

Daniel Schugurenski
Durante las dos últimas décadas del siglo 20, el sistema de educación superior canadiense, al igual que los de muchos otros países, ha debido confrontar la tensión generada por la doble dinámica del aumento de la población estudiantil y la disminución del financiamiento gubernamental. El proceso de resolución de esta tensión tiene al menos tres dimensiones: una dimensión técnica (que implica que tanto actores universitarios como extra-universitarios deben examinar alternativas, enfrentar dilemas, generar consensos y tomar opciones), una dimensión política (que se relaciona, en parte, con el poder relativo de los distintos actores involucrados para defender o atacar las diferentes opciones, y una dimensión filosófica-ideológica (que se relaciona con los propósitos últimos de la educación superior). El proceso no es lineal ni carente de conflictos. En el centro del debate está uno de los dilemas más difíciles que deben enfrentar los gobiernos democráticos y las universidades: cómo armonizar los objetivos del sector público, los intereses privados, y el ethos académico. 
 
En Canadá, como en tantos otros países, las transformaciones ocurridas en el sistema de educación superior en los últimos años se han originado fundamentalmente en las dificultades financieras por las que atraviesan las instituciones, una dinámica que se origina en parte en la explosiva expansión de la matrícula, pero que no es totalmente ajena a las agendas de cambio propuestas por agencias internacionales, por la burocracia gubernamental y por grupos empresariales. Desde una mirada internacional comparada, los cambios ocurridos en la educación superior canadiense durante los noventa no se diferencian significativamente de los que han tenido lugar en otros países que han experimentado la erosión paulatina del estado de bienestar: reducción presupuestal, deterioro de la infraestructura, privatización, aumento del arancelamiento estudiantil, intensificación de las relaciones con el sector empresarial, transferencia de recursos de la investigación básica a la investigación aplicada, énfasis en las disciplinas con más proximidad al mercado, financiamiento condicional, segmentación vertical del sistema, mayor competencia interinstitucional e intrainstitucional por recursos, nuevas formas de gerenciamiento, creación o expansión de universidades privadas, debilitamiento de la función de extensión (servicio a la comunidad), y en general una transición hacia un modelo de educación superior que pareciera converger cada vez más hacia la heteronomía. Al mismo tiempo, el proceso de cambio de las instituciones canadienses presenta algunas características singulares que son producto de las peculiaridades propias del sistema de educación superior canadiense, como por ejemplo su extrema federalizacion o el virtual monopolio público en la provisión de servicios. 

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