jueves, 30 de diciembre de 2010

Autonomía y sargentos

El Nacional, 27/12/10
Editorial

Autonomía y sargentos  

Universidad militar  

No hay nada más sensible y más respetable en los países de Occidente que la educación. En las democracias, aquello que toca la educación y formación de los ciudadanos es objeto de intensas consultas y convoca a los más entrenados y a los más sabios. Fue lo que se hizo siempre en Venezuela. Era lo que postulaba el gran maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa.

Una ley de universidades no puede ser sino el resultado de estudios intensos, de análisis plurales, de confrontación de experiencias, incluso, en el mundo exterior porque los países no son islas y existe una vinculación innegable en la vida profesional.

Tan cierto es esto que en la XX Cumbre Iberoamericana de Argentina se suscribió un documento de extraordinaria significación para la conquista de logros importantes en 2021. Se comprometieron a crear un gran fondo y a coordinar sus planes.

Obviamente, no se trata de educación universitaria, pero es un ejemplo válido.

El Gobierno se compromete en las cumbres de presidentes y en los organismos multilaterales y termina echando al cesto de la basura esos tratados y convenios. El mundo observó cómo, en brevísimas horas, se discutió la ley que amputa a los institutos superiores la autonomía que conquistaron, luego de grandes y memorables jornadas de lucha. Quienes aprobaron ese mamotreto son una cuerda de ignorantes, buena parte de ellos sin título universitario.

La autonomía es una de las más grandes consignas que unió a los estudiantes de América Latina, desde las jornadas de Córdoba hasta las de Venezuela. Las dictaduras la negaron porque consideraron que eran centros peligrosos, dominados por gente proclives a las doctrinas de izquierda y a las reformas de la sociedad. Se les consideró tierra riesgosa donde campeaban los adversarios de los sistemas autocráticos.

La conquista de la autonomía fue ardua en nuestro país. La dictadura de Pérez Jiménez convirtió la universidad en una dependencia tan grotesca que, incluso, la X Conferencia Panamericana se celebró en la UCV.

Caída la dictadura, en el gobierno del presidente Edgar Sanabria, la autonomía fue restablecida. Eso fue ratificado posteriormente, hasta el zarpazo que estos sargentos le dan con una ley reaccionaria y retrógrada. La eliminación del Consejo Universitario junto con el cercenamiento de la autonomía crearán situaciones difíciles de manejar.

Las universidades han sido condenadas a regresar a las épocas de Cipriano Castro y de Juan Vicente Gómez. Aprobar una ley de universidades en dos o tres días es una de las demostraciones más trágicas de la irresponsabilidad reinante en los altos círculos de la revolución bolivariana.

Deberían revisar lo que Bolívar pensaba de las universidades y los grandes esfuerzos que hizo durante su última visita a Caracas para consolidar la Universidad Central. La sociedad democrática no cederá hasta recuperar la autonomía y el respeto a la inteligencia. 

EL NACIONAL

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