miércoles, 15 de diciembre de 2010

Comentarios al proyecto gubernamental de Ley de Educación Universitaria

Rómulo Orta


El gobierno del Presidente Chávez ya tiene suficientes problemas con las viviendas, los refugios, los damnificados, el IVA y las lluvias como para adentrarse en las tormentas que presagia un proyecto de Ley de Educación Universitaria gubernamentalmente producido que es farragoso, mal redactado y peor encausado en lo que concierne a la preservación, ampliación y enriquecimiento liberador y transformador del principio de la Autonomía Universitaria.

Cabe reconocer que el proyecto gubernamental plantea perspectivas interesantes en lo que toca al desarrollo de políticas y programas universitarios más directa y estrechamente relacionadas con las expresiones y expectativas comunitarias, y por una Universidad con mayores grados de compromiso social que los que históricamente la Universidad venezolana siempre ha asumido. Sin embargo, el Síndrome del Distrito Capital podría liquidar totalmente esas mayores expectativas por una Universidad más socialmente comprometida. Cuando usamos la expresión Síndrome del Distrito Capital es para arropar descriptivamente a lo que manifiesta una Caracas que cuenta desde el lado oficialista con un Alcalde del Municipio Libertador, con una Jefe de Gobierno del Distrito Capital y con un Ministro para la Reconstrucción Urbana de Caracas, sin que la ciudadanía caraqueña asome alguna esperanza de que tanta burocracia vaya operativa y operacionalmente a resolver los graves problemas de la ciudad capital; siendo que el orden de aparición progresiva en la escena de esos tres funcionarios implicó procesos crecientes de concentración y centralización del poder en la capital. La gobernabilidad caraqueña no es precisamente lo que más se avista en la Caracas del triple mando ascendentemente hiperconcentrador e hipercentralizador.

El Presidente Chávez debería, primero, ordenar la paralización de la eventual aprobación del proyecto de Ley de Educación Universitaria que muy mal han producido funcionarios de su gobierno. Y luego, debería llamar a un verdadero debate nacional y plural respecto al futuro más inmediato de la actividad universitaria en Venezuela. Ya que respecto a la Ley de Universidades de 1958, el proyecto gubernamental es un retroceso porque concentra en una sola persona, el funcionario que ejerza el Ministerio de Educación Universitaria, tantas funciones y atribuciones que no podrá cumplirlas a cabalidad, de buena manera y oportunamente. El Ministro de la Educación Universitaria deviene Rey Sol que encarna y realiza solitariamente al Estado Docente. Las autoridades universitarias y los cuerpos colegiados de dirección de las Universidades serán meras figuras decorativas, sin poder alguno para avanzar en el desarrollo de las políticas y programas universitarios que se aspira cumplan las Universidades. Desde la caraqueña Esquina de El Chorro se pretenderá atender una abigarrada y nada operacional estructura universitaria, para colmo subdividida en compartimentos estancos que nunca lograrán integrarse en esa muchedumbre asamblearia que conformará la Comisión Consultiva Nacional de Educación Universitaria.

Para quienes hemos tenido experiencias en trabajo comunitario propio del sector salud, no nos queda duda alguna de que quienes redactaron el proyecto gubernamental de Ley de Educación Universitaria nunca traspasaron las cuatro paredes de una cómoda, bien ventilada e iluminada oficina. O sea, puro escritorio. Algo así como los llamados Comandantes Faema de los años 60 y 70 del siglo 20 venezolano. Propicia es la ocasión para recordar que FAEMA era el nombre de una muy buena máquina para hacer café, bastante usada en los cafetines universitarios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario