jueves, 13 de enero de 2011

La ley devuelta

Luis Pedro España
El Nacional, 13/01/11
La devolución a la Asamblea Nacional de la aprobada a traspiés y de madrugada Ley de Educación Universitaria es todo un síntoma de cómo se vienen haciendo las cosas desde el Gobierno.
Comienzo por celebrar que el Ejecutivo haya tomado esa decisión. Primero porque le ahorró al país una nueva e inútil fuente de confrontación, no porque la regulación sobre la educación superior no sea importante, sino porque lo que planteaba la ley no sólo era inaplicable, sino, además, inaceptable, por ser contraria a cualquiera de los postulados básicos de la educación universitaria. Segundo, porque se reconoció explícitamente que el marco normativo aprobado no había contado con la más mínima consulta de las instituciones y sectores involucrados. Aunque, si por esto fuera, pues, deberían echarse para atrás al menos todas las leyes que se aprobaron a toda carrera en los últimos dos meses.

Especular sobre las razones por las cuales ocurrió la devolución de la ley pudiera no ser una actividad ociosa. Más cuando no sólo los legisladores y los voceros del ministerio del ramo celebraban la misma como si se tratase de una verdadera joya reivindicativa, sino que muchos de los recién investidos dirigentes juveniles del Partido Socialista Unido de Venezuela festejaban el fin de la autonomía universitaria, la supresión de la libertad de cátedra y la megaconcentración de poder académico en un funcionario, como si ninguno de ellos hubiese sido universitario y formado dentro del pluralismo democrático de nuestras casas de estudio.

Pero fuera de lo que significó la defensa del sinsentido por parte de los que tomaron parte y fueron responsables de semejante disparate, los prolegómenos de su aprobación y el epígrafe de su devolución dan cuenta del marcado, sobreestimado y casi único criterio que motiva al Gobierno, a saber, controlar y colonizar todos los espacios de la sociedad venezolana. 

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